Museo Arqueológico de Toledo. ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?

 Isabelo Sánchez Gómez

Licenciado en Geografía e Historia

Muchos toledanos no podemos entender que en nuestra ciudad no exista un museo
Portada Guía Museo Arqueológico de Toledo
(1957)
arqueológico acorde con nuestra rica historia. Son muchas las ciudades, incluso pueblos, que cuentan con su museo arqueológico o museo de la ciudad. De igual manera, los visitantes, se asombran de no poder encontrar un espacio expositivo en el que  hacerse una idea general de la historia de la ciudad, o la provincia. Por eso, lo que se llevan a sus ciudades o países de origen, son retazos de historia inconexos, inexactos o tergiversados, flotando en un caldo de magia, leyenda y fantasía, a veces muy lejos de la realidad, como si volvieran de visitar la legendaria isla de Ávalon. Cómo puede entenderse nuestra ciudad sin un museo arqueológico decente.

La historia del museo que debería ser el más importante de Toledo, el de Santa Cruz (pero que no lo es porque en número de visitas se encuentra muy por detrás del Museo del Ejército, el Sefardí o el de El Greco) ha sido muy azarosa. El museo tiene sus orígenes en la colección arqueológica del Cardenal Lorenzana, y poco a poco se fue enriqueciendo con las desamortizaciones de principios del siglo XIX, la acumulación de objetos por parte de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos, y su paso por el Convento de San Pedro Mártir, el Monasterio de San Juan de los Reyes, hasta recaer, en 1919, en el Hospital de Santa Cruz, donde fue ubicado, provisionalmente, mezclando materiales arqueológicos y obras de arte, sin ningún criterio,  en la planta alta del ala izquierda, el vestíbulo general de ingreso al edificio, y la escalera de acceso a la planta principal.

Museo Arqueológico Provincial 1930. Autor. Arturo González Nieto. Archivo Municipal de Toledo

Las colecciones habían sufrido múltiples daños y pérdidas durante estos años, debido a las malas condiciones de conservación, la disgregación de los fondos entre varias instituciones, y por último, cuando ya había sido ubicado en el Museo de Santa Cruz, por los efectos de la Guerra Civil, al quedar el edificio en primera línea del frente.  El museo había sido montado justo en 1935 en los espacios aledaños al claustro de Covarrubias, que acababan de ser restaurados, con la planta baja dedicada a la arqueología, la alta a las bellas artes, y los sótanos, inmediatamente debajo,  dedicados a almacenes.  El edificio, justo frente al alcázar, quedó en primera línea de fuego, y las naves donde se dispuso el museo aún más. Desde aquí, los milicianos asediaron la fortaleza, mientras desde la altura de aquella respondían al fuego, con disparos de fusilería y ametralladora, como todavía puede observarse en los impactos de proyectiles en paredes y ventanas, detrás de las cuales se encontraban las colecciones del museo.

Fachada actual del Museo. En la Guerra Civil el museo estaba en las salas que se encuentran inmediatamente detrás. Todavía hoy pueden verse impactos de bala en algunas de las piedras, sobre todo en la tronera abierta en la derecha de la imagen.

En 1956 se produce el primer intento serio de crear un espacio adecuado para establecer el museo, con criterios modernos. De ello se encargó la Dirección General de Bellas Artes, y la instalación museográfica fue encargada a Manuel Jorge Aragoneses, que intentó realizar un montaje atrayente para el público en general, con  instalaciones para atender también a los estudiosos. Las colecciones se dispusieron con un criterio cronológico, por lugar de procedencia, por las características de las piezas, o por tipo de objetos, intentando, al mismo tiempo, introducir en un contexto el hallazgo, por ejemplo, con un enterramiento pre-visigodo con materiales arqueológicos originales.  
Fondo Fotográfico Casa Rodríguez. El Ministro de Educación Nacional, el Director del Museo Manuel Aragoneses y el Conde de Vallellano, en la inauguración del Museo.

Fondo Fotográfico de la Casa Rodríguez. Museo  Arqueológico de Toledo. Salas de Exposiciones 


Fondo Fotográfico de la Casa Rodríguez. Museo  Arqueológico de Toledo. Salas de Exposiciones

Fondo Fotográfico de la Casa Rodríguez. Museo  Arqueológico de Toledo. Salas de Exposiciones

Fondo Fotográfico de la Casa Rodríguez. Museo  Arqueológico de Toledo. Salas de Exposiciones

Fondo Fotográfico de la Casa Rodríguez. Museo  Arqueológico de Toledo. Salas de Exposiciones 

Fondo Fotográfico de la Casa Rodríguez. Museo  Arqueológico de Toledo. Salas de Exposiciones 

Museo Arqueológico de Toledo. 1958 . Guía del Museo Arqueológico de Toledo

Museo Arqueológico de Toledo. 1958 . Guía del Museo Arqueológico de Toledo

La exposición de “Carlos V y su ambiente” en el IV Centenario de su muerte, que se instaló en el crucero, hizo ver la potencialidad de este para instalar allí la Sección de Bellas Artes. Hasta ese momento el museo se denominaba Museo Arqueológico Provincial, pero en 1961, mediante un Decreto del Ministerio de Educación Nacional, se creó el Museo de Santa Cruz. En estos años, y bajo la dirección del museo por parte de Matilde Revuelta Tubino (directora entre 1957 y 1987) asistimos, probablemente, al mejor y único momento en el que el Museo Arqueológico de Toledo mantuvo una exposición arqueológica más o menos completa. En esos años se produjo la consolidación y expansión del museo con sus filiales como el Taller del Moro, el Museo Ruíz de Luna, en Talavera, la Casa Museo de Dulcinea, el Museo de los Concilios y de la Cultura Visigoda, el Palacio Museo de Fuensalida (hoy desaparecido), y en 1971 el Museo de Arte Contemporáneo de la Casa de las Cadenas.

                Pero no quiero ir más allá, me quedo en la exposición del Museo Arqueológico montada en las crujías del claustro de Covarrubias en 1956. Os dejo unas imágenes de la época (ver más arriba), y el enlace a la magnífica guía del Museo Arqueológico de Toledo de Manuel Jorge de Aragoneses, editada por la Dirección General de Bellas Artes en 1957 (pulsar en la imagen de la portada o en el enlace de más abajo). Sólo hay que echar un vistazo a sus páginas y pensar que en el momento actual no existe un Museo Arqueológico en Toledo, ni nada que se le parezca, para entender que en este aspecto, por lo menos, “cualquier tiempo pasado fue mejor”.

¡Por un Museo Arqueológico de Toledo digno!

Bibliografía




El Museo de Santa Cruz. La Sala de Prehistoria del Sótano

Algunos recordarán las salas de prehistoria o arqueología que, a mediados de los años 80, se instalaron en el sótano de las crujías sur del claustro de Covarrubias, donde permanecieron hasta el año 2008, cuando las salas fueron cerradas definitivamente por motivos de humedades, aunque ya en estos momentos la museografía estaba muy anticuada. Dicho sótano también albergaba una pequeña colección de etnografía y costumbres populares. 


Todos podemos recordar este espacio por el impresionante cráneo y defensas de Mamut, que había aparecido en el Polígono de Toledo en el año 1972, y que recibía al visitante, nada más descender la angosta escalera que conducía a este subterráneo. 

Después de varios años cerrada, la colección de arqueología se instaló en el año 2010 en el crucero superior, aunque duró poco, porque la exposición del Greco del año 2014 provocó que fuera desmontada y guardada. 

A fecha de hoy, el Museo de Santa Cruz no tiene expuesta ninguna de las piezas de su colección de arqueología (salvo las visigodas instaladas en el Museo de los Concilios y algunas piezas de gran porte que se encuentran en el claustro). A pesar de que muchos toledanos desde hace años, incluidos los directores del museo,  hemos reivindicado la necesidad de un Gran Museo de Santa Cruz, digno, en consonancia con la rica historia de nuestra ciudad y provincia, las autoridades responsables, después de que en años anteriores se hubieran gastado grandes cantidades de dinero público en la rehabilitación del magnífico espacio de Santa Fe, donde se encuentran los restos de los palacios musulmanes (que habrían sido un magnífico fondo para un Museo Arqueológico), y en un proyecto museográfico para mostrar la colección permanente de forma atractiva y moderna, decidieron, de forma imprevista, y sin tener en cuenta las necesidades urgentes y reales del museo, entregar el espacio de expansión natural para instalar una colección de arte contemporáneo, que nadie pidió, y que no hacía falta ser adivino para saber que las visitas al mismo iban a ser poquísimas, como al parecer está sucediendo,  mientras que el arte contemporáneo toledano  permanece guardado en almacenes o repartido por instituciones, y la colección arqueológica y gran parte del resto de la colección permanente, se encuentra criando polvo en oscuros almacenes, sin que los ciudadanos podamos disfrutar de ellas.

Traemos aquí una pequeña selección de fotografías, para el recuerdo, tomadas, en su momento, en este "Museo del Sótano", por I.Sánchez. 






Isabelo Sánchez

¡Hagan caso a los expertos, por favor! Juan Manuel Rojas “Importancia del legado oculto en la Vega Baja de Toledo”

Isabelo Sánchez
Plataforma "Toledo. Sociedad, patrimonio y cultura"

Nos encontramos en plena marabunta de declaraciones, contradeclaraciones, informes y déjà vu de 2006. Nuestros representantes, a pesar de hablar desde una posición ideológica totalmente contraria, ¡asómbrense!,  siguen diciendo lo mismo que decían los de entonces cuando “toparon” con el yacimiento de Vega Baja, aunque muchos ya sabían lo que había allí. Cojan ustedes las declaraciones de entonces y las de ahora (pueden ver un repertorio de estas declaraciones en la página del blog que estamos llenando de información desde la Plataforma “Toledo.Sociedad, patrimonio y cultura”, “Vega Baja. Prensa”), y si no miren la fecha y el nombre del político de turno que realiza las declaraciones, no podrán distinguir si están en 2006 o en 2019. Y es que, ellos, “siempre cumpliendo la ley”, estuvieron a punto en aquél entonces de destruir la capital del reino visigodo e, incomprensiblemente, más de 13 años después, con un conocimiento mayor, los de hoy, están en la línea de hacer lo mismo, también “cumpliendo la ley”. De igual manera, lean las declaraciones de los “interesados” económicos en ese espacio. También son calcadas. Como entonces, hoy, un grupo de ciudadanos particulares son los que han dado la voz de alarma, y puesto todo patas arriba.



A lo largo de los años muchos no entendían cómo, después de tantos años de la paralización del proyecto urbanístico por el presidente Barreda en 2006, se seguía manteniendo la edificabilidad de ese espacio, encima de la zona protegida como BIC en el POM 2007, y del resto de la vega, protegida a su vez, en la carta arqueológica. Pero parece que la cosa está clara: se mantenían, porque la intención siempre ha sido edificar ese espacio, sólo necesitaban tiempo para que la sociedad se olvidara, o se cansara de ver la vega totalmente abandonada. Cuando en 2018, una vez anulado definitivamente ese plan urbanístico, Milagros Tolón volvió a recuperar las 1.698 viviendas que contenía aquél sobre los BIC’s, ahora, en una Modificación Puntual, la 28, del Plan de 1986; y los usos terciarios y dotacionales para el resto de espacios libres, que como todo el mundo sabe, también son el mismo yacimiento, muchos se quedaron petrificados, o empezaron a entender. La analogía entre unos tiempos y otros sólo tenía una pequeña quiebra, que nos podía hacer pensar, si hubiéramos viajado en el tiempo, en haber desembarcado en una realidad paralela. Mientras que entonces prácticamente todos; los ciudadanos, y las organizaciones o fundaciones toledanas, fueron de la mano en la denuncia del expolio que se estaba cometiendo, hoy, sin embargo, algunos habían bajado el tono, vaya usted a saber por qué motivo, y admitido la generación de plusvalías (construcción) con el fin de dar viabilidad al proyecto cultural. Afortunadamente, un manotazo en la mesa de la prensa nacional, y las organizaciones internacionales, o el protagonismo que está alcanzando la sociedad civil a través de la plataforma “Toledo.Sociedad, patrimonio y cultura”, que son los que nos hemos movido y presentado una primera denuncia por expoliación ante el ministerio de cultura, les ha hecho, al parecer, reconsiderar su posición, y virar hacia una postura más crítica con el nuevo despropósito.



La intención política parece clara. Primero en la plasmación legal de esta en la Modificación Puntual 28, recuperando la edificabilidad para este espacio (no vale decir que no se van a construir 1.300 viviendas, lo que se plasma en el papel, y se firma, es la realidad, lo demás, son cantos de sirena), como decíamos, ya existente en 2007, y segundo, en las declaraciones realizadas, en primer lugar, minusvalorando los restos arqueológicos existentes en el sitio, y luego, diferenciando entre lo que hay dentro y lo que hay fuera del BIC, como si se tratara de cosas distintas, o este hubiera sido bien definido en su momento en base al conocimiento científico y el sentido común (algo que no se hizo), o no estuviera al borde de la ilegalidad por carecer del entorno de protección obligatorio. Por último, el argumento que se da es que se va a cumplir la ley, un mantra que machaconamente repitió Molina en su momento, y nos llevó a donde nos llevó. En este contexto, me parece indispensable para que puedan tomar decisiones, y hacer planes, que nuestros responsables políticos (aunque parece que quieren empezar la casa por el tejado una vez más), conozcan la realidad de Vega Baja, aunque da la impresión de que no quieren saberlo, y prefieren mantener la cabeza, como el avestruz, bajo tierra, por si acaso. Ellos verán. La realidad de Vega Baja está ahí, al alcance de la mano. Lo ideal sería que se realizaran prospecciones geofísicas, sondeos y excavaciones, pero en tanto hacen esto, estaría bien que escucharan a los expertos, como en este caso que nos ocupa, con la tertulia  organizada por el Ateneo de Toledo, que viene en el mejor momento posible, a cargo del arqueólogo toledano, Juan Manuel Rojas Rodríguez-Malo, titulada “Importancia del legado oculto en la Vega Baja de Toledo". He intentado recoger las ideas principales que el arqueólogo desgranó a lo largo de su charla. Algunas palabras son textuales, otras son percepciones del autor de este artículo, y algunas, por último, son interpretaciones, por lo que a pesar de que estas notas tratan de contar un poco lo que se dijo ayer tarde, no deben entenderse como que recogen la transcripción literal de la charla. 

Juan Manuel Rojas tiene a sus espaldas un número asombroso de intervenciones arqueológicas. Como todo el mundo sabe, desde la aprobación de la Ley de Patrimonio Histórico Español el número de intervenciones arqueológicas en España se disparó, y esto, claro está, produjo el descubrimiento de muchos nuevos yacimientos, lo que no ha solido ir en consonancia con la generación de conocimiento, al no existir una investigación e interpretación paralela de los datos obtenidos, o no estudiarse los materiales. Es decir, en la mayoría de los casos, los restos arqueológicos han quedado ocultos en el subsuelo, o desmontados para dejar paso a la construcción, las memorias de las excavaciones se guardan en un archivo, y la mayoría de los materiales se acumulan en las cajas de un almacén en los museos, además de que la actividad de difusión patrimonial por parte de la administración, es muy reducida. La sociedad, a pesar de ese boom de descubrimientos, no está recibiendo la parte que le corresponde en términos de poder disfrutar de los yacimientos, de los materiales en exposiciones de museos, o de la información en publicaciones accesibles a todos.   En ese contexto he tenido la oportunidad de leer algunas de las memorias o informes que redacta Juan Manuel Rojas, y gran parte de ellas son auténticas maravillas, aparte de que, además, ha dedicado gran cantidad de tiempo y esfuerzo a publicar sus intervenciones arqueológicas en un buen número de las principales revistas científicas españolas, algo a lo que las empresas de arqueología no están obligadas. En los últimos años, además, como todo el mundo sabe, consciente de la importancia y el valor de la difusión del conocimiento, porque sólo se puede valorar aquello que se conoce, se ha embarcado en un proyecto de investigación en el yacimiento de Guarrazar, financiado, mayoritariamente, con su dinero personal, que ahora, después de varios años, empieza a arrojar frutos, tanto en términos de descubrimientos asombrosos, como del número cada vez mayor de personas que visitan el sitio, y lo más importante, los niños con sus colegios. Curiosamente, según manifestación del propio arqueólogo, este mismo proyecto de Guarrazar lo ofreció a los responsables políticos de entonces en la ciudad de Toledo, y no le hicieron caso alguno, tal vez porque si se hubiera realizado lo que prentendía Juan Manuel Rojas, se habría hecho evidente la importancia y realidad de Vega Baja, mientras que manteniendo todo abandonado u oculto, los ciudadanos no pueden comprender la realidad del yacimiento. 

Juan Manuel Rojas realizó sondeos y excavó en una gran parte del yacimiento de Vega Baja desde el primer momento, y en el año 2009 realizó también sondeos arqueológicos fuera de lo que fue calificado como BIC,  por lo que sus palabras deberían ser tenidas muy en cuenta a la hora de hablar de patrimonio arqueológico en general, y de la Vega Baja en particular. Conozco a Juanma prácticamente desde sus primeros momentos cuando empezó a trabajar en excavaciones de urgencia, en aquél entonces siempre acompañado por Ramón Villa.  Cada vez que lo veía trabajando en la calle me paraba a charlar con él, algo que suelo hacer, todavía, cada vez que nos cruzamos, porque es un pozo de conocimientos,  y a mí, desde la ignorancia de alguien que no conoce todos los detalles de las situaciones concretas, y teniendo en cuenta que en todos los lugares cuecen habas, siempre me ha parecido un arqueólogo que dice lo que tiene que decir según la deontología profesional. Y esto, a pesar del modelo de tutela patrimonial que obliga al promotor a pagar al arqueólogo, que se convierte así en un asalariado de aquel, cuyo interés principal, la mayoría de las veces, es que no aparezcan restos, que los que aparecen no tengan importancia, y que la excavación se realice en el menor tiempo posible para liberar el terreno, y que a su vez debe presentar sus informes ante la Consejería correspondiente, es decir, que siempre se encuentra entre dos fuegos. Por eso, tal vez, como le he escuchado decir alguna vez, en su mochila acumula muchas cargas, o no sé si decir, causas perdidas, arqueológicas, porque el poder, económico o político, siempre es mucho poder (esto último lo digo yo y que cada uno interpreta lo que quiera), que termina con el enterramiento en el subsuelo, sin acceso, el  desmontaje o destrucción, de un número importante de restos arqueológicos, que tal vez habrían merecido ser conservados. Por eso, no le duele en prenda contar en voz alta, por ejemplo, la sorpresa que le produjo cuando en 2001, el informe de los sondeos que había realizado abarcando todo el espacio del proyecto urbanístico de Vega Baja I, mostrando que el yacimiento se extendía por la mayor parte de los terrenos del proyecto urbanístico, se encontraban todavía en la consejería correspondiente, y , sin que al parecer esta se hubiera pronunciado, lo llamaron para iniciar los trabajos arqueológicos de los viales porque la urbanización iba a comenzar. Es decir, si los sondeos mostraban lo que mostraban, habría sido necesario replantear el proyecto, o repensar lo que se iba a hacer,  y,  sin embargo, se arrancó la urbanización a toda prisa. Por no hablar, por ejemplo, de la desaparición, bien por haber quedado enterrado, o porque los restos fueron desmontados en parte, del que tal vez fuera el edificio más importante de todo este territorio, el Pretorio o palacio de los reyes visigodo, debajo de la actual clínica de FREMAP.  O el estupor que  produjo ver cómo las máquinas cortaron el yacimiento de parte a parte eliminando todos los restos arqueológicos para colocar un colector de grandes dimensiones, cicatriz que todavía puede verse hoy en día. Y esto sólo con respecto a Vega Baja, que si abrimos el abanico a todo el territorio de la comunidad, el panorama puede ser desolador.  Además, las agresiones al patrimonio y el paisaje de la Vega no han dejado de sucederse a lo largo del tiempo hasta el momento actual, como podemos comprobar con la construcción de unos bloques de pisos, pegando un nuevo bocado al yacimiento de Vega Baja, y dañando gravemente al paisaje protegido de este sitio, o la intención anunciada de construir el cuartel de la Guardia Civil en pleno yacimiento.


Durante la charla, Juan M. Rojas resaltó lo que nos estamos jugando en Vega Baja, que atañe a todos los ciudadanos y políticos, porque estos también son ciudadanos, y no sólo los de Toledo, porque el patrimonio es universal. Y es que en el pasado no existía la sensibilidad y reconocimiento que existe ahora para proteger el patrimonio. Entonces era normal que este fuera destruido o reciclado para levantar nuevas edificaciones, pero los tiempos han cambiado. La nueva sensibilidad tiene que ver con el crecimiento del nivel cultural y el aprecio por nuestro pasado. Esta conciencia y conocimientos nos permiten conocer o entender cada vez mejor el mundo en que vivimos, lo que pasa hoy en día. Pero para que exista esa sensibilidad es preciso tener un conocimiento previo, por eso es tan importante que los ciudadanos puedan ver los restos y disfrutarlos, para que puedan valorarlos. En este sentido, ese abandono que ha sufrido Vega Baja, esa falta de interés por conocer, por poner en valor el sitio, estaría en la línea de mantenernos ignorantes de la realidad, y por lo tanto para que no demos la importancia o el valor que realmente tiene ese patrimonio.  A pesar de todo “Las circunstancias históricas han propiciado que Toledo preservara la Vega Baja, casi virgen, como un espacio único en Europa”, y eso no se debería perder. 

Según el arqueólogo, el impacto del urbanismo actual (infraestructuras, materiales de construcción, vehículos, etc.,) nada tiene que ver con la ocupación humana en el pasado. En el mundo antiguo, los materiales de construcción eran la piedra natural del sitio, madera, y barro (adobe o tapial). Con el tiempo ese barro se deshizo, y las ciudades se superpusieron unas sobre otras con un impacto mínimo sobre su entorno. Dado ese impacto, es necesario que se piense mucho lo que se hace, porque la huella que estamos dejando es tremenda. 


Simultáneamente a estas reflexiones realizó un recorrido por la génesis de la roca sobre la que se asienta la urbe romana y visigoda. El río, que aprovechó la existencia de una falla para penetrar por ella, acabó por aislar el peñón, generando un lugar excepcional desde el punto de vista estratégico, ideal para el hábitat humano, y con pocos paralelos en el mundo. Pero a esa roca o peñón sobre la que se asienta la ciudad, no se la puede desligar de las vegas que el río generó a su vez, tanto al este como al oeste. La ocupación histórica a todo lo largo y ancho de esa vega fértil, la alta y la baja, es muy importante, y no sólo se ocupó el cerro. Son muy numerosos los yacimientos aflorados, y el arqueólogo hizo un recorrido por alguno de los más interesantes, como la Villa Romana de la Fábrica de Armas, con sus valiosos mosaicos, la gran Natatio, o establecimiento termal, de Cabrahigos, o la Villa que debió ubicarse en la Casa de Campo, y otros restos que muestran que el poblamiento de estas vegas debió de ser intenso, y mayor aún la ocupación de lo que conocemos como Vega Baja, con indicios de que se ocupó desde la prehistoria, pero más intensamente desde el periodo Romano, alcanzando su máxima extensión, probablemente con los visigodos, y llegando aproximadamente hasta el siglo IX, cuando los musulmanes empezaron a abandonar el espacio, que fue adquiriendo su configuración previa a la actual, de vega dedicada a cultivos.


La amplitud de lo que J.M. Rojas dibuja en un mapa como “suburbium” nada tiene que ver con el espacio que actualmente delimitan los BIC’s declarados,  desbordándolos claramente por todas partes y dejando claro que Vega Baja, el yacimiento, es mucho más y no tiene nada que ver con el espacio que está protegido con esa figura de protección. La ciudad, la “urbs” allá en lo alto, tenía su extensión natural, tres veces más grande que esta, en el “suburbium”, que era la ciudad, debajo de la ciudad.  Es cierto que puede haber espacios vacíos, pero esos espacios, en lugar de llenarlos de bloques de viviendas, tal vez son una oportunidad para crear un sitio donde puedan convivir los restos arqueológicos, con jardines y paseos que podríamos disfrutar todos los ciudadanos. Habló de los caminos históricos, y cómo los seres humanos, que en el pasado hacían las cosas con sentido común, mientras que ahora, muchas veces no sucede lo mismo, llevaron esos viales por los lugares lógicos más favorables en función de la topografía, y cómo se asentaron en torno a ellos, y la importancia que adquirió el comercio gracias a esas vías de comunicación. Esos caminos históricos son perfectamente visibles hoy en Vega Baja, algunos con tanta entidad, en cuanto a su anchura y la profundidad de las capas que servían para darlos estabilidad, que podríamos hablar de autopistas de la antigüedad. Para el arqueólogo, el lugar de Vega Baja tiene una gran importancia, y es fundamental para el conocimiento de la historia, ya que era claramente la capital del reino visigoda, desde la que se ejercía el control por todo el territorio actual de España, y parte de Francia. La época visigoda, a pesar de haber sido conocida durante mucho tiempo como los siglos oscuros, es, sin embargo, una etapa vital y de gran importancia para nuestro país, y para Europa, y lugar excepcional que el azar ha hecho que llegue hasta nosotros en relativas buenas condiciones, que es la envidia de investigadores  y amantes de la cultura de todo el mundo. Por eso, el yacimiento de Vega Baja trasciende la cuestión local, su conservación no sólo es importante para los toledanos, sino que su valor se encuentra también en el contexto europeo o internacional.



Esa importancia del lugar hace que desde el punto de vista económico, incluso, adquiera una dimensión que supera, tal vez con creces, la visión del que sólo ve en ese lugar un sitio vacío que hay que llenar de pisos para rentabilizarlo económicamente. El yacimiento, bien gestionado, sería un lugar de disfrute y de calidad de vida para los ciudadanos locales, pero también un lugar a donde vendría mucha gente de visita, un núcleo de atracción de turismo. Pero para que ese recurso sea real es necesario conservarlo, no sólo en el aspecto arqueológico, sino unido o de forma inseparable del paisaje, de esa visión del casco histórico desde las vegas que actúa como el fondo de un escenario impresionante, y del conjunto que forman el casco histórico, las vegas y el río.  

Finalmente se inició la tertulia propiamente dicha. En la capilla del antiguo Hospital de San Pedro, hoy convertido en sede de múltiples asociaciones y organizaciones culturales, con el nombre de “Centro cultural Cisneros”, se dio cita un nutrido grupo de personas que llenaron el sitio por completo, a pesar de tener lugar en ese mismo momento más actos culturales en otras partes de la ciudad, lo que da muestra del interés que despierta el tema. Aunque los comentarios y preguntas no cesaron, y el presidente del Ateneo tuvo finalmente que dar por finalizada la tertulia porque esta no terminaba, quiero destacar la reflexión que realizó el profesor Antonio Zárate con respecto a que, independientemente del valor arqueológico que indudablemente tiene el sitio, para él, y para los demás, incluido J.M. Rojas, está claro que es absolutamente imprescindible que arqueología y paisaje vayan de la mano, ya que sólo podrá preservarse el lugar si se consigue vincular el sitio arqueológico con el paisaje, que es un valor que además se encuentra protegido. Otros contertulios hablaron de la sensibilidad que existe hacia el patrimonio en otros lugares, de la barrera que supone la senda que se ha construido recientemente, tapando restos arqueológicos, para la interpretación futura del yacimiento, la posibilidad o no de poner plantas en el lugar y cómo afectan estas al yacimiento, de la ilegalidad de que el BIC carezca de entorno de protección, o de la delimitación incorrecta del mismo, ajustada milimétricamente al proyecto urbanístico y no a la realidad arqueológica, o de la extensión real que ha sido sacada a la luz hasta ahora, etc. En relación a este último aspecto hay que resaltar la respuesta dada por Rojas: apenas se ha excavado, en extensión, el 25 o 30 % del espacio, pero es que, en profundidad, sólo se ha alcanzado el 10 %, es decir, sólo ha aflorado la capa superior, mientras que el 90% del yacimiento, permanece bajo el subsuelo. 



En suma una tertulia muy interesante, y productiva, de la que nadie salió sin haber aprendido algo nuevo, y probablemente más convencidos que nunca de que es necesario hacer todo lo posible para preservar este sitio único, con la idea, como repitió Juanma Rojas en varios momentos, de que “El conocimiento de la historia resulta, cada día, más imprescindible para entender el presente y plantear el futuro”. Finalizó la tertulia con esta sentencia que deberíamos grabarla a fuego en nuestras mentes: “su conservación y puesta a disposición de la sociedad, depende de los ciudadanos”. 


La mesa está puesta. ¡A comer!

I.Sánchez
Plataforma "Toledo. Sociedad, patrimonio y cultura"



Ordenando papeles he encontrado un antiguo artículo que se refiere a la destrucción de patrimonio en nuestra ciudad, y que me ha inspirado algunas reflexiones. Aunque la sensibilidad hacia el patrimonio por parte de grandes capas de la sociedad es algo relativamente reciente, y el cuidado o respeto que se tenía hacia las ruinas antiguas, en el pasado, era relativamente poco, algunas personas, en general ilustradas, alzaban de vez en cuando la voz para denunciar desmanes promovidos o permitidos por los poderes públicos.
Jerónimo Bécker y González

Os traigo aquí un artículo de Jerónimo Bécker, del año 1920, en el que hace pública la denuncia de "la falta de apoyo por parte de las Autoridades municipales toledanas, para poner coto a los constantes atentados que contra la Historia y el Arte se cometen en la Imperial ciudad". 

Es cierto que, desde entonces, han cambiado mucho las cosas para mejor, pero no puede dejar de preocuparme, que en la actualidad, en pleno siglo XXI, como ayer, sean organismos externos a la ciudad los que tengan que venir para llamarnos la atención. Así, en aquellos tiempos, la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Toledo acudía a la Real Academia de la Historia, denunciando que "lentamente, pero de un modo constante, se va haciendo perder a Toledo su fisonomía propia; lo que era como el marco y complemento de las joyas que encierra en su seno, y constituía para todos los amantes del arte y de la tradición, uno de los mayores encantos de la Ciudad Imperial"·

Teniendo en mente las mejoras que en cuanto a la protección del patrimonio histórico, han propiciado las leyes actuales, sin embargo, está claro que estas no son perfectas, y tienen resquicios por donde alguien está buscando colarse. Viendo lo que sucede en algunos casos con el patrimonio histórico, y natural, de nuestra ciudad, tengo la tentación de dar valor a aquel dicho que dice que "cualquier tiempo pasado fue mejor", recordando, por ejemplo, cómo en el pasado se protegieron las vegas, mediante normas legales y el planeamiento urbanístico, de forma que parece más efectiva que como se hace ahora, pues de alguna forma se preservaron bastante íntegras hasta un determinado momento. Mientras, a finales del siglo XX y principios del XXI,  a pesar de la existencia de un importante aparato normativo de protección, merced a artilugios ¿legales?, se desprotegió, y se puso a disposición del ladrillo, y hoy, se encuentra en mayor riesgo que nunca. 

Esa cita anterior, sobre la pérdida de la fisonomía de la ciudad de Toledo, que se estaba produciendo en aquellos momentos de principios del siglo XX, es decir, de su paisaje, de cómo debía de verse la ciudad, puede reconocerse en la actualidad, lamentablemente, por ejemplo, en la pérdida de la fisonomía, del paisaje protegido de Vega Baja, a la que poco a poco, se la han ido dando bocados,  dentelladas de urbanizaciones, colegios, consejerías, bloques de pisos, etc, que se han comido partes de ella, debilitándola, y aún más, los que deberían haberla protegido y protegerla, preparan la mesa de gala, con su mantel con bordados y encajes de la Modificación Puntual 28, la vajilla de lujo del cuartel de la Guardia Civil, mientras otros afilan los cuchillos y sacan brillo a sus dientes, para darla la última dentellada. 

La mesa está puesta. ¡Todos a comer!

¡Disfrutad del manjar!




Conferencia "Guarrazar" (Juan Manuel Rojas Rodríguez-Malo)


I.Sánchez
Plataforma "Toledo.Sociedad, patrimonio y cultura"

Con motivo de la celebración de los 50 años del Museo de los Concilios y de la Cultura Visigoda (1969-2019), el Museo de Santa Cruz, junto a la asociación de amigos del museo “Museo de Santa Cruz ¡Vivo!”, ha organizado una serie de conferencias que se desarrollan entre el día 22 y 24 de octubre.

Juan Manuel Rojas Rodríguez-Malo. Conferencia Guarrazar. Museo de los Concilios. Iglesia de San Román


Hoy ha tenido lugar la conferencia impartida por el arqueólogo Juan Manuel Rojas, sobre Guarrazar. Como sabemos, desde hace unos cuatro años, J.M Rojas, excava el yacimiento visigodo y, además, se ha hecho cargo de la musealización y las visitas al mismo, generando un recurso de difusión patrimonial en el municipio de Guadamur, y por lo tanto en Toledo, que poco a poco va ganando en importancia, según las excavaciones arqueológicas avanzan documentando la relevancia que tuvo el lugar en su momento, y sobre todo gracias al esfuerzo personal de Juan Manuel. 

Un yacimiento, que según Rojas, había permanecido abandonado y olvidado prácticamente desde su descubrimiento, durante casi 140 años, debido a que las interpretaciones que se hicieron en los primeros momentos, argumentaron que las coronas votivas habían sido sacadas de sus basílicas originales en la ciudad de Toledo, en el momento de la invasión islámica, y escondidas en el lugar de su hallazgo, una pequeña ermita o iglesia sin importancia alguna, y por lo tanto que no llamaba la atención, y donde fueron descubiertas a mediados del siglo XIX.

Cartel a la entrada del yacimiento de Guarrazar


Esta interpretación ha perdurado casi hasta nuestros días, a pesar de que desde principios del siglo XXI, las prospecciones geomagnéticas realizadas por C.Eger, mostraban que el lugar tenía una importante entidad en término de estructuras en el subsuelo, estudios que, asombrosamente fueron ignorados.

Sin embargo, las excavaciones arqueológicas que empezó a realizar Juan Manuel Rojas, sacaron a la luz, al poco tiempo, restos que mostraban que el lugar del hallazgo de las coronas votivas,  donde excavó Amador de los Ríos en 1859 la tumba del presbítero Crispín, lejos de ser una pequeña iglesia o ermita, con un cementerio en su entorno, era un complejo de importantes dimensiones que incluía una basílica, monasterio,  sanatorio, y un posible palacio, todo ello surgido probablemente, en torno de un manantial o fuente sagrada, cuyos restos están saliendo a la luz desde hace pocos, con una estructura que tendría unos treinta metros.

Rojas ha insistido a lo largo de toda la conferencia de la importancia de los símbolos. De la necesidad para la existencia del complejo del símbolo que probablemente representaba el manantial, que debía estar ya allí, por lo que muestran los hallazgos recientes, en época romana, y del valor o importancia del sitio, para que los reyes, y otros altos cargos, hicieran allí sus ofrendas. En el caso de los reyes, probablemente, réplicas de sus propias coronas, en las que cada piedra, cada eslabón, o cada imagen, tenía un significado concreto, y no estaba allí colocados simplemente como decoración.

Excavaciones en Guarrazar. Foto de la página guarrazar.com


La entidad de los restos muestran la realidad, o aclaran, algo que era de difícil comprensión, como el por qué, durante un momento de crisis y de riesgo alguien había transportado unas coronas de inmenso valor a un lugar a diez kilómetros de Toledo, cuando podían, o era más lógico, esconderlas en un lugar más cercano, en la misma ciudad. La existencia de la basílica de unas proporciones monumentales, junto al resto de edificaciones, indica claramente que las coronas fueron enterradas allí, porque se encontraban en ese mismo lugar, es decir, porque los oferentes las habían depositado en la basílica, donde debían, posteriormente al acto, colgar a la vista de todos.

En varias diapositivas ha mostrado y explicado la reconstrucción virtual que se está realizando de la basílica, cuya monumentalidad viene claramente expresada por la comparativa entre la altura de la representación de una persona con la altura de la nave central. Las basas de las columnas que han aparecido han servido de referencia para realizar los cálculos de sus dimensiones, y la recreación virtual resulta magnífica para poder imaginarse el edificio, donde la luz entraba y probablemente se reflejaba en el suelo de mármol.

En este contexto, el arqueólogo pedía que nos imagináramos el acto de ofrenda. Probablemente habría unos festejos que durarían varios días, a los que llegarían muchas personas desde distintos lugares, y se hospedadían en el lugar. El rey se alojaría en esos días en su palacio en el mismo complejo, y el día señalado realizaría la ofrenda en un gran acto al que asistirían todos los nobles y altos cargos de su reino. Con toda seguridad Recesvinto y Suintila, por lo menos, estuvieron allí, en persona. Podemos imaginarlos caminando por la nave central, con la corona en la mano, ofreciéndola, y mostrando su sumisión, puesto que el simbolismo de las piezas de la corona significaban el reconocimiento y coronación de Cristo por encima del propio rey. Una forma de legitimar su poder, como han hecho otros muchos monarcas a lo largo de la historia, a través de la religión.

Los textos muestran, al parecer,  que, además, el palacio que existía en ese lugar sirvió de retiro a un rey. No se sabe cuál, pero que  muy probablemente abdicó, y se retiró a morir asistido por los monjes en ese sitio, porque lo consideraba sagrado. Su enterramiento, es probable, que también tuviera lugar en este lugar, aunque es difícil que pudiera encontrarse ahora su enterramiento,  debido a que a lo largo de los años, desde el momento del descubrimiento de las coronas, se produjeron daños importantes.

En definitiva, una magnífica conferencia, que ha llenado la sala que habían preparado los organizadores en la misma nave central de la iglesia de San Román, rodeados de piezas visigodas por todas partes, y la magnífica reproducción de las coronas votivas de Guarrazar, que se conservan en el Museo Arqueológico Nacional, una mínima parte de las que, al parecer, pudieron haber aparecido en su momento, y que habrían superado la veintena, la mayor parte desmontadas y vendidas, en lo que es otra historia que por sí misma serviría para otra o más conferencias.  

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