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"Emocionalmente, la Vega Baja, me duele"

Isabelo Sánchez

"Emocionalmente, la Vega Baja, me duele". Esas fueron las palabras con las que Juan Manuel Rojas Rodríguez-Malo, arqueólogo que trabajó mucho en el sitio cuando allí se quisieron construir 3.000 viviendas, entre los años 2001 y 2006, y que actualmente dirige el emblemático yacimiento visigodo de Guarrazar, en Guadamur, inició su conferencia.

Partiendo de los conocimientos previos sobre el sitio, pues ya se sabía de la importancia del lugar desde el siglo XVI, con documentos que hablan de la importancia de Vega Baja,  que llegan hasta el XVIII, hizo un recorrido por las intervenciones modernas, principalmente las realizadas por su equipo, desde los sondeos previos a la urbanización, allá por 2001, más de 200, en los que prácticamente todos mostraron resultados positivos, ratificando de esta manera los hallazgos antiguos y los documentos que hablaban de ello (dando a entender que no fue una sorpresa que se empezara a comprometer el proyecto urbanístico para construir viviendas, además de usos dotacionales y terciarios,  auspiciado por el Ayuntamiento y la Junta de Comunidades, mientras que intentaban tirar  para adelante, a toda costa, ignorando la realidad arqueológica); la actuación, simultanea, y agónica, en San Pedro el Verde 25, cuando ya casi había sido arrasado por completo el gran edificio que allí había,  los trabajos realizados en los viales de la urbanización, allá por 2003-4, y, por último, la excavación de algunas de las parcelas adjudicadas a propietarios particulares.

Teniendo en cuenta la geología del territorio, las fallas que determinaron el surgimiento y características del peñón toledano, el Cerro del Bu, la llanura de inundación del río, y el territorio al norte y al sur, Juan Manuel nos habló del poblamiento antiguo e intenso del territorio, vertebrado por las vías de comunicación. Aunque el cerro y el peñón, fueron poblados muy pronto, sin embargo, existen importantes asentamientos romanos en la zona de los montes, y sobre todo por toda la vega, muy interesante el de la zona de la estación del ferrocarril, en Santa Bárbara, mostrando que ya en esa época era normal el hábitat permanente de gentes fuera del Casco Históricos, es decir, que vivían fuera de la urbs.

Para entender el poblamiento tardo antiguo, es necesario tener en cuenta esos hábitats previos, los caminos antiguos que se fueron desarrollando desde entonces, y los conceptos o significados de civitas, urbs, y suburbium. De esta forma trató de poner de relevancia, el hecho de que la urbs toledana, la ciudad o espacio construido a partir del centro, durante el periodo que nos ocupa, podía ocupar unas 80 hectáreas, mientras que el suburbium (Vega Baja) que se crea a sus pies, con una estimación prudente, pudo superar las 140 hectáreas.

Este espacio, que empezó a poblarse, aunque débilmente, desde la prehistoria, tiene un importante crecimiento, ya desde época romana, cuando se instalan allí villas romanas o grandes edificios como el circo, que siguen utilizando, o crean, esas vías de comunicación antiguas, en torno a las cuales se configura el asentamiento, las importantes zonas cementeriales y, probablemente, algunos santuarios. Algunas de estas vías tienen un porte importante, aunque también existen viales secundarios, todos ellos atestiguados arqueológicamente, que justifican los ejes del urbanismo que se desarrollaría con los visigodos.

La importancia que adquiere el suburbio quedó atestiguada por el emplazamiento en el lugar del Aula Regia, o salón del trono, que supondría que Vega Baja, el suburbio toledano, se convirtió en el centro de poder del reino. Su presencia en el lugar está claramente atestiguada por las fuentes, no hay ninguna duda, y por la arqueología. Cuando en 2001, el equipo de Juanma se encontraba trabajando en los sondeos encargados por la empresa Vega Baja, previos a la construcción de la urbanización, detectaron el movimiento de máquinas en una parcela aledaña, fuera del ámbito del proyecto urbanístico. Allí, se iba a construir la clínica Fremap, y los arqueólogos quedaron asombrados al ver que, sin intervención arqueológica alguna, se estaban eliminando con una pala excavadora, restos que parecían de gran relevancia. Su denuncia paralizó la obra, y se inició una excavación arqueológica, en lo poco que habían dejado las máquinas. Muros de un metro veinte o metro treinta (como decían las fuentes), aparecieron a la vista, que claramente debían soportar bóvedas elevadas por lo menos a diez metros o más sobre el suelo. Es decir, se trataba de un gran edificio que, por sus características, sólo podría corresponder con un palacio o el aula regia; el centro de poder visigodo, probablemente vinculado con una basílica pretoriense, aun no descubierta, y unido con un gran vial de comunicación y/o procesional, con Santa Leocadia, centro del poder religioso. En torno a esta zona palacial, se levantarían otras importantes edificaciones, que fueron identificadas durante las excavaciones de 2004, organizadas en torno a grandes patios, extendiéndose, a partir de aquí, toda una nueva ciudad, cuyos límites, abarcarían toda la zona de Vega Baja, que actualmente está sin edificar, el barrio de Santa Teresa, el Poblado Obrero, y alcanzaría más allá de la Avenida de la Reconquista, y la Avenida de Barber, incluida la franja del Hospital Virgen de la Salud, sin poder determinar el límite por esta zona, aunque él mismo vio restos arqueológicos, que no fueron excavados, cuando se construyó el aparcamiento de la calle Bruselas.  En la importancia del lugar, es necesario tener en cuenta que Toledo, el suburbium, se convirtió, también,  en uno de los centros de poder religioso más importantes del momento, con la celebración, en la Basílica y en Santa Leocadia, de varios concilios, incluido el que le costó el reino, por enfrentarse al poder religioso, al rey Wamba. El lugar, habría estado habitado, entonces, débilmente en la prehistoria, de forma más importante durante el periodo romano, habría sido intensamente urbanizado en el momento visigodo, y mantendría el poblamiento durante el periodo emiral, y probablemente hasta el siglo X, cuando la ciudad se retrae hacia el interior de la muralla.

En definitiva, peculiarmente, Vega Baja, es un caso excepcional en Europa en la conservación de los restos de una ciudad de la Antigüedad Tardía, un lugar emblemático que ha sido olvidado por las administraciones, y que, dado su estado de abandono, permanece ajeno a la ciudadanía. Se trata de un espacio de gran potencial que precisa, en primer lugar, que sea protegido, pues plantas y árboles crecen sin control deteriorándolo cada día, y en segundo lugar, que sea puesto en valor, no en su globalidad, por la dificultad de excavar todas las hectáreas que tiene el sitio, y de realizar después un mantenimiento de las estructuras afloradas para que no se deterioren, pero sí que sería posible excavar y poner en valor alguna zona o zonas,  de forma que la ciudadanía pudiera valorar lo que realmente hay ahí. El resto de espacios, las zonas de menor valor arqueológico, podrían convertirse, por ejemplo, en jardines, por ejemplo de aromáticas, que no tienen grandes raíces que destruyan los restos, para que el espacio pueda ser disfrutado por los ciudadanos. Pero esta conservación, y puesta en valor, depende de la sociedad, de la ciudadanía. 

Para finalizar, puso en relación o comparó, el esfuerzo que, con muy pocos recursos, se viene haciendo en Guarrazar, un lugar que, en 2013-2014, estaba casi desaparecido, y que con mucho trabajo está aflorando poco a poco, y que cada vez es más apreciado por los ciudadanos, gracias a la puesta en valor que se está realizando allí, principalmente con los niños, que son en quiénes hay que incidir para que se valore el pasado. Guarrazar, en Guadamur, aunque se muestra como un lugar importante del mundo visigodo, se encuentra a diez kilómetros de Toledo, en medio del campo. Si ese trabajo, ese proyecto, que él personalmente ofreció a la administración local y regional, antes de hacerse cargo de Guarrazar, se hubiera realizado en Toledo, en la capital, donde las personas pueden bajar a la Vega Baja, andando, el éxito en cuanto a la difusión y valoración del patrimonio, habría estado garantizado, desde hace varios años, y su futuro estaría garantizado desde hace mucho tiempo, lo que le lleva a ese dolor emocional, por el tiempo y las oportunidades perdidas.

En mi opinión, está claro que Vega Baja necesita un proyecto o un plan, pero no un plan urbanístico, sino uno de protección y puesta en valor, que aleje definitivamente la sombra del ladrillo, o las intervenciones u ocurrencias puntuales. Es necesario, como puso de relieve el conferenciante, sacar toda la información que existe sobre el sitio, que es mucha (él mismo cuenta con una estantería completa llena de documentación sobre Vega Baja), y trabajar en ella, para, a partir de aquí, poder tomar las mejores decisiones sobre el lugar. 

Son muchos los años de abandono de Vega Baja, en mi opinión propiciados interesadamente por las administraciones que deberían haberlo cuidado y puesto en valor, sin duda, porque siempre albergaron el deseo de llenar todo ese espacio de asfalto y ladrillo (que ya lo tienen lleno de coches), en una política absurda e insostenible, de crecer y quemar suelo, sin ton ni son, en un contexto de crecimiento poblacional cercano al cero; en lugar de rehabilitar viviendas, regenerar espacios degradados e intentar proporcionar a los ciudadanos entornos agradables y calidad de vida. Qué mejor entorno que poder pasear con la vista de la ciudad amurallada al fondo, entre jardines fragantes, y bellas ruinas que nos hablan de un pasado brillante y glorioso. 

Aunque parece que, finalmente, gracias otra vez, como en 2006, a la presión ciudadana (que sus intenciones eran claramente otras), Vega Baja puede estar salvada (ya veremos finalmente ese POM cuyo avance llevan anunciando tanto tiempo y que mantienen oculto a la ciudadanía), no nos olvidamos de La Peraleda, ese espacio al otro lado del río, que claramente pertenece al mismo espacio geográfico, que perteneció en el pasado a la misma unidad cultural, y que se encuentra dentro del espacio protegido por UNESCO, cuando declaró la ciudad de Toledo patrimonio de la Humanidad. Parece que, vistas las dificultades para construir en la Vega (su obsesión), la administración local y regional, han virado su objetivo hacia ese otro espacio que, excepcionalmente se ha salvado del urbanismo feroz en los momentos de mayor fuerza de la burbuja del ladrillo, pero que ahora, puede volver a estar en peligro, mucho más de lo que lo estuvo en 2007, con aquél POM salvaje; ya que el pistoletazo de salida para llenar de ladrillo y asfalto ese espacio lo han dado ya, con la ubicación en el sitio del cuartel de la Guardia Civil, en un claro intento de liquidar la cuestión, con la ayuda o el impulso de la implantación en el sitio de una institución querida por muchos ciudadanos (es decir, la utilización política de esta institución), para que así existan menos obstáculos a sus deseos y ocurrencias.

Sólo una última reflexión. La serie de conferencias que ha organizado la plataforma “Toledo. Sociedad, Patrimonio y Cultura”, es de gran interés para comprender la relevancia y valor para la ciudadanía, de lo que las administraciones local y regional han denominado, en su famoso convenio “Sitio histórico y natural de la Vega Baja de la Ciudad de Toledo”.  En las mismas, participan grandes expertos en geografía, paisaje, educación, y arqueología. Los gestores públicos que tendrán la misión futura de proteger y dar a conocer este espacio, deberían, para poder tener una visión clara e informada de lo que se puede o debe hacer en el lugar, por lo menos, estar presentes en este tipo de eventos. Conocemos la gran afición por la fotografía de nuestros gobernantes; en la inauguración de cualquier tipo de mobiliario público, empresa privada, o evento, ya sea realizado por la propia administración, o como políticos adosados para la foto, con el eslogan de que “el ayuntamiento apoya”; pero creemos que es aquí donde hay que estar, donde se debate el futuro de aspectos importantes de la ciudad, como es en este caso Vega Baja, haya o no haya foto, para aprender, para ilustrarse, para que nos ilustren a los ciudadanos y para que respondan a las preguntas y dudas de estos. Todos sabemos que no tienen ningún plan de ciudad, y así es difícil tomar decisiones acertadas. Por lo menos podían informarse.  Ayer, entre los asistentes a la conferencia, estaban varios representantes de la corporación municipal, en concreto, de Izquierda Unida-Podemos, del Partido Popular y de Ciudadanos, lo que hizo que resaltara más, aunque viene siendo normal, la ausencia de representantes del PSOE.  


Estas son las conferencias que quedan:



A pesar de los políticos, Vega Baja resiste

    Desde dentro de Vega Baja, desde el yacimiento declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Zona Arqueológica en el año 2008, se experimenta la desolación y el abandono al que vergonzosamente están sometiendo los políticos a este sitio. La valla del camino, que pretende evitar que las personas puedan acceder y dañar los restos arqueológicos, caída; pero el tiempo, por sí sólo, ya ha hecho su tarea, y los plásticos que una vez protegieron las estructuras y estratos que quedaron a la vista cuando se interrumpieron los trabajos arqueológicos, aparecen ahora rotos; y la vida se abre camino con árboles y plantas que crecen sin control. Si paseas alrededor, unas alegres liebres acompañarán tu camino y te saludarán mientras paseas. Una "Liebre de Marzo", especialmente loca, me llamaba la atención. Incapaz de entender algo del yacimiento pensé en seguirla y acompañar a Haigha y al Sombrerero a merendar y tomar el té (eran las cinco de la tarde). Pero al poco volví desde el sueño a la razón para reflexionar que, ante el abandono, es normal que haya gente que pueda pensar en para qué sirve Vega Baja, y que es más útil ese espacio si se dedica a la construcción. 

    Los poderes públicos tienen la obligación de proteger y conservar el patrimonio, y "ponerlo al servicio de la colectividad en el convencimiento de que con su disfrute se facilita el acceso a la cultura y que ésta, en definitiva, es camino seguro hacia la libertad de los pueblos". Años y años de desidia. A la vista está que se incumple flagrantemente lo que la norma decía que tenía que hacer un Estado democrático (Preámbulo de la Ley del Patrimonio Histórico Español).

    Afortunadamente, podemos felicitarnos de que, por lo menos, la presión ciudadana, haya conseguido impedir, de momento, que ahí haya ahora bloques de pisos, que era el deseo irrefrenable de todos y cada uno de los políticos que nos han gobernado. Por eso, por esa osadía del pueblo, nos castigan con desidia y abandono, con esta vergüenza, para que nos hartemos, y consintamos. Una vez vista la imposibilidad de llenarlo todo de casas, por lo menos que aceptemos edificar parte. Así ya podremos darnos con un canto en los dientes, por dejarnos un poco de ¡espacio vacío!, que es lo que claramente piensan, en línea con ciertos sectores económicos de la ciudad, sobre qué es un yacimiento arqueológico o un paisaje. Consideran, les leo la mente, que de esta forma matarán dos pájaros de un tiro: sacarán rendimiento económico al sitio, que es realmente lo que les interesa, y al mismo tiempo aparecerán como adalides de la preservación del patrimonio. 

    De momento, la partida sigue abierta (la reina roja no ha conseguido cortarnos la cabeza), aunque a lo largo del tiempo han conseguido dar bocados al sitio y al paisaje, algunos importantes, todavía, si alzas un poco la vista, desde algunas partes, puedes ver la bella silueta de la ciudad, como la vieron nuestros antepasados, y por lo tanto aun podemos disfrutar de un paisaje excepcional, que ha conseguido llegar hasta nosotros relativamente bien conservado, y que puede mejorarse con la puesta en valor del yacimiento, junto con la recuperación de espacios verdes y otros usos vinculados al ocio, a la naturaleza o el medio ambiente, que sean compatibles con el patrimonio, para el disfrute de todos, y de nuestros hijos, lo que es motivo para que nos felicitémonos. 


¡La lucha sigue!



Vega Baja ¿Y- ahora qué?

Durante mucho tiempo ha resultado inútil intentar convencer a los poderes públicos de que Vega Baja era algo más que las zonas protegidas como Bienes de Interés Cultural, a pesar de la evidencia abrumadora de la existencia de restos arqueológicos dispersos por toda ella. Sin contar con las obligaciones y compromisos internacionales de proteger el paisaje de las vegas, en el mundo sólido de la materialidad arqueológica, muchos han tenido que meter el dedo en la llaga para creer, y aun así, a algunos está claro que les molesta el patrimonio, y siempre les ha importado un bledo.

A pesar de las continuas declaraciones desde la administración de respeto al patrimonio, la realidad de la historia de Vega Baja dice otra cosa completamente distinta. Lo que han hecho por preservar el patrimonio, ha sido poco o nada. La administración regional sólo in extremis, cuando ya era innegable la importancia de lo que allí había, paralizó el proyecto urbanístico Vega Baja I, pero hasta el último momento hubo dudas. La declaración BIC fue tan forzada, que los límites se trazaron a escuadra y cartabón, ajustados al proyecto urbanístico, algo que ya era inverosímil en aquel mismo momento, pues lo excavado mostraba claramente que los restos se prolongaban hacia otras parcelas. Está claro que era un absurdo arqueológico que el yacimiento topara abruptamente con una línea dibujada en un papel, pero en lugar de cumplir con sus obligaciones de promover investigaciones para saber si el yacimiento se extendía más allá, y así proteger el conjunto completo y no sólo una parte, no lo hicieron, no fuera a ser que aparecieran más piedras. Y ahí quedó todo. Bueno no, la misma administración regional encargada de la tutela del patrimonio, aprobó uno tras otro todos los planes y proyectos urbanísticos redactados por el Ayuntamiento, que eliminaban las protecciones previas, y planificaban construcciones por toda la Vega Baja, incluso encima del yacimiento que ellos mismos habían declarado BIC.

Por su parte, la administración local, hizo todavía mucho menos. Ha sido la responsable de la redacción de todos y cada uno de los planes y proyectos urbanísticos que se pretendían desarrollar sobre Vega Baja, desde el convenio inicial con Defensa para que se pudieran construir más de 900 viviendas en el suelo que hasta ese momento estaba protegido, hasta el momento actual, en que tienen aprobada una modificación puntual del plan de 1986, que permite la construcción, ahora mismo, de 1.300 viviendas sobre el yacimiento declarado BIC, 300 en el antiguo camping del circo romano, y 98 en el entorno del Cristo de la Vega, sobre otro BIC, además de usos dotacionales y terciarios dentro y fuera de las zonas protegidas (incluido El Corte Inglés), sin contar con que en 2017 aprobaron y desarrollaron la urbanización de la UA 34, en Santa Teresa, y la construcción de 4 bloques de viviendas de cinco plantas de los que sólo han podido levantarse dos, claro, por la aparición de restos arqueológicos. Además, han sido los impulsores de la consolidación de aparcamientos irregulares dispersos encima del sitio,  y defensores a ultranza de la construcción del cuartel de la Guardia Civil, todo ello, a pesar de la opinión en contra de expertos y organizaciones locales, nacionales e internacionales, defensoras del patrimonio.

Su mayor éxito en la protección del patrimonio fue la construcción sobre el mismo yacimiento protegido de una senda peatonal (sin seguir algún plan director del sitio que dijera lo que había que hacer, simplemente porque no existe), que ha cortado el yacimiento arqueológico por la mitad, ocultando importantes restos arqueológicos, muchos de ellos aún por excavar. Poco más han hecho, por no decir nada. Tenían obligación desde el 2008 de haber realizado un Plan Especial de Protección y no lo han hecho. Bueno, concedamos que la empresa mixta público-privada, Toletum Visigodo, S.L., en la que participaban todas las administraciones (Junta, Diputación y yuntamiento), además de socios privados, hicieron un buen trabajo con las excavaciones arqueológicas, que permitieron un mejor conocimiento del yacimiento, aunque tal vez a un coste desorbitado. Sin embargo, al mismo tiempo, el final de esta sociedad pone en evidencia los intereses que realmente se tenían. Financiaron y mantuvieron su funcionamiento mientras había esperanzas de urbanizar y sacar beneficio. El gerente de entonces, para asegurarse de no cometer los mismos errores que en Vega Baja I, encargó la realización de prospecciones y sondeos, que mostraron que el yacimiento se extendía por la zona que se pretendía desarrollar en ese momento, Vega Baja II. No debieron gustar mucho sus declaraciones de que el yacimiento se prolongaba más allá de la zona protegida, y al poco dimitió. A partir de entonces, se dejó morir a la empresa.

A muchos les habría gustado tener un suelo blanco, inmaculado, totalmente liso y libre de obstáculos para obtener un gran beneficio, al colocar casitas aquí y allá. Por eso ven el patrimonio como un obstáculo o una mancha. Habrían querido que las parcelas estuvieran “bastante limpias”, o mejor, “limpias” del todo de patrimonio, y como no lo estaban, que les hubieran dejado “limpiarlas”, lo más rápidamente posible, para ganar más dinero. No entienden que existan valores públicos superiores al beneficio económico de algunos, que deben protegerse.

Siempre han negado que el yacimiento fuera más de lo que habían marcado como BIC, porque les interesaba, y lo defendieron a capa y espada para lograr sus objetivos de construir. La obligación como administraciones era intentar arrojar luz, proteger todos los intereses, y los públicos en primer lugar, y en vez de eso, cuando pudieron, intentaron restar valor a los restos arqueológicos, una estrategia política, y de quienes tienen intereses urbanísticos, muy conocida en el mundo de la arqueología, cuando el (“su”) urbanismo “choca” con el patrimonio público.

A pesar de la evidencia, pretendían tirar para adelante, como se quiso hacer en 2005-2006: excavar y documentar los restos como marca la ley, para luego, en su caso, desmontarlos y/o protegerlos debajo de bloques de pisos, o del cuartel, que es casi lo mismo que eliminarlos. Como responsables de la tutela del patrimonio, la administración regional tenía la obligación de delimitar correctamente el yacimiento, porque era evidente desde hacía mucho tiempo, que no lo estaba, y como era lógico, la prospección geofísica encargada ahora ha mostrado que era como muchos decíamos. Si existen restos arqueológicos idénticos a los que aparecen a sólo unos metros de distancia, en la zona protegida, no queda más remedio que protegerlos con la misma categoría, es decir, ampliar el BIC, porque, que esa área esté incluida dentro de un ámbito de protección de la carta arqueológica, está claro que no es la mejor protección para un yacimiento extenso, como es el caso. Si ya existe una zona protegida de esta manera, y existen pruebas contundentes de que el yacimiento se extiende más allá de sus límites, no ampliar la protección a esas zonas podría entrar dentro del supuesto de expoliación contemplado en el artículo 4º de la Ley del Patrimonio Histórico Español, cuando, al urbanizar, se ponga en riesgo una parte de la ciudad visigoda.

Afortunadamente, la presión ciudadana, una vez más, como en aquel lejano 2006, en que muchos creyeron haber salvado el yacimiento, ha conseguido enderezar la situación, doblando el brazo político. Enhorabuena a todos por esta victoria, pero no debemos dormirnos en los  laureles. La experiencia debe guiarnos para no caer en la misma trampa de antaño. Mientras la Modificación Puntual 28, que permite construir en casi toda la Vega Baja, siga en vigor, el yacimiento seguirá estando en riesgo. Y ahora, "el eje" del ladrillo se desplaza también hacia La Peraleda, y por lo tanto, la lucha sigue.

Isabelo Sánchez


Vega Baja. El cementerio islámico de la UA 34. Enfermedad y solidaridad social

 Os traemos un pequeño resumen de un artículo publicado recientemente por Arturo Ruíz Taboada e Isabel Molero Rodrigo, y que nos parece muy interesante: "Arqueological evidence for Pott's disease on historical populations: Tomb 05 at the Roman Circus maqbara as an example of social solidarity (Toledo, Spain)". Trata del estudio de un individuo enterrado en el cementerio islámico del Circo Romano, que estaba afectado, posiblemente, por la "Enfermedad de Pot", o tuberculosis vertebral.


Recorte de un plano del artículo con la ubicación de las actuaciones
Durante los trabajos arqueológicos previos a la construcción de cuatro bloques de viviendas en la Unidad de Actuación 34, en Vega Baja, se descubrió parte de la maqbara (cementerio) islámica que se encuentra en el Circo Romano y sus alrededores. Los investigadores localizaron un muro de 34,62 metros, y entre 0,70 y 0,79 metros de ancho, que pudo haber sido uno de los límites del cementerio, en este caso, el extremo nordeste, y 52 tumbas, cuya demarcación exterior se había perdido, pero que sin embargo conservaban el revestimiento vertical en forma de bloques de piedra, tejas curvadas, madera, piedras de pequeño tamaño y fragmentos de ladrillos.


El rito funerario islámico establece que el difunto debe enterrarse mirando a La Meca. El cadáver se sitúa en el fondo de la fosa, normalmente sin ajuar, sólo envuelto en un sudario. La posición suele ser decúbito lateral derecho con los miembros inferiores ligeramente flexionados. Los brazos cruzados al frente sobre la región púbica y la cara al sureste.

La mayoría de los individuos enterrados tenían una edad estimada entre los 16 y 24 años, aunque, en este caso, 21 de las tumbas eran infantiles. Las fechas que han aportado los análisis de carbono 14 calibrado las sitúan entre el año 664-770, hasta el 863-984, antes del presente (1950). 

La tumba que ha llamado la atención de los investigadores es la 05, que se encontraba en el sector "a" de la intervención Se trataba de un individuo del sexo masculino, de entre 20 y 24 años, que presentaba daños esqueléticos compatibles con una posible tuberculosis que le afectaba a la columna vertebral. Esta enfermedad le habría provocado una curvatura de la columna, y por tanto una posición agachada o jorobada. La altura del individuo fue estimada entre 165 y 167 centímetros y, sin embargo, habría sufrido una reducción de esta, debido a la enfermedad, de entre 20 y 40 cm. El sujeto, además, sufría de hipoplasia dental, que es una enfermedad de los dientes que hace que estos tengan menos esmalte del normal, provocada por fiebre, malnutrición o enfermedad durante la infancia.  En este caso nos está indicando momentos de enfermedad aguda durante ese periodo de su vida.

La enfermedad es común en áreas de mala salud general, y en sociedades pobres, hacinadas y malnutridos. La dolencia, probablemente, le ocasionó dificultades respiratorias y otras molestias, de forma que debía tener problemas para realizar tareas como su propia higiene, alimentarse o trabajar. Las tareas diarias le supondrían una gran dificultad. 

Los datos llevan a los autores a ponen de relieve la idea de que en estas condiciones debió haber necesitado toda una serie de cuidados y atenciones, que sin duda se los proporcionaría el grupo o la familia, es decir, lo que estamos viendo es una probable solidaridad social, o cómo los parientes cercanos y el resto de la comunidad respondieron ante la enfermedad, cuidando de uno de sus miembros hasta la  muerte.

La Vega Baja que queremos: ¿erial, barrio dormitorio, o lugar de disfrute ciudadano y foco de dinamización económica?


Han pasado veinte años desde que el entonces consejero de Sanidad, Fernando Lamata, pusiera sobre la mesa la idea de la construcción de un nuevo hospital. Veinte años después, la infraestructura es una realidad y está a punto de inaugurarse pero, paradójicamente, junto a la mejora sanitaria que se supone que traerá, existe una amenaza que se cierne para una serie de barrios toledanos, que han crecido, comercialmente, bajo la sombra de la atracción de personas que suponía el antiguo hospital Virgen de la Salud. Nadie, sin embargo, parece que había pensado, o planificado, cómo evitar el cataclismo económico que se avecina cuando el centro sanitario deje de funcionar. Como suele ser normal por estos lares, las improvisaciones y parches han surgido en las últimos meses, con una carambola a tres bandas que se plasmaría en la construcción de un nuevo cuartel de la guardia civil en la zona arqueológica de Vega Baja, mientras que el Ayuntamiento, que sólo actúa de intermediario, recibiría el solar que quedara vacante, para la construcción de viviendas para jóvenes.

A nadie se le escapa que la solución es un parche que solucionará poco, porque, evidentemente, el número de visitantes del barrio, en todo caso,  va a caer de forma catastrófica para el comercio local, mientras, se mutila una potencial fuente de generación de riqueza. Tal vez sea el momento de ampliar la visión cortoplacista de puesta a disposición del ladrillo del resto del espacio que aun sobrevive de Vega Baja, lo que supondría un beneficio económico importante e inmediato para unos pocos, pero que convertiría a estos barrios en un suburbio dormitorio anodino más de la ciudad.  Los vecinos, al regresar de sus trabajos, al atardecer, estacionarían sus vehículos, y encerrados en sus bloques de viviendas consumirían televisión, desplazándose a otros barrios o zonas, o a los grandes centros comerciales, a realizar sus compras o disfrutar de espacios abiertos y luz solar.
 
Desde hace varios años, el Patrimonio Cultural se ha mostrado como un elemento importante de dinamización económica de zonas deprimidas. El mismo mecanismo puede actuar a nivel de barrio de una ciudad pero, además, dada la relevancia del objeto a poner en valor; la antigua capital del reino visigodo, las sinergias que pueden producirse en el entorno inmediato, e incluso en toda la ciudad, serían importantes. Además, la amplitud del sitio, rodeado por un lado por la Universidad y el pequeño barrio de San Pedro el Verde, y por otros, por los barrios de Palomarejos, Santa Teresa, y del Circo Romano, permite que la antigua vega pueda convertirse en un elemento de calidad de vida para estos vecinos y por extensión para el resto de la ciudad, con paseos, jardines, o huertos urbanos, en el entorno de bellas ruinas.

En primer lugar sería importante que la ciudadanía comprendiera el valor que tiene el sitio, desde los puntos de vista cultural, de calidad de vida, y económico, para lo cual es necesario, no sólo que los vecinos conozcan el lugar y los proyectos (sólo puede valorarse aquello que se conoce), a través de exposiciones, rutas o charlas, lo cual es un elemento de ocio y por tanto de mejora de la salud espiritual y mental de los ciudadanos, sino que estos deben ver resultados a corto plazo, e implicarse mediante mecanismos de participación en la puesta en valor del sitio, desde el punto de vista patrimonial, natural, o deportivo. Para ello es necesario que puedan aportar ideas, que participen en talleres o campos de trabajo de recuperación del lugar, que se sientan partícipes o implicados en la puesta en valor.

Evidentemente se trata de un gran esfuerzo; de la administración, que tendrá que poner los recursos económicos necesarios para la planificación y la realización de los trabajos, y de los ciudadanos, que se apropiarán así, poco a poco, de un espacio que actualmente se les ha expropiado, y permanece abandonado. Creo que los vecinos preferirían vivir en casas rodeadas de un entorno agradable, en lugar de ocupar una calle y un número de una manzana de viviendas sin alma. El problema es que la opción que se les ofrece en la actualidad es elegir entre pisos o erial. El resto de ciudadanos podrían disfrutar de un gran especio de esparcimiento, donde pasear entre ruinas, visitar, por ejemplo, el gran museo arqueológico de la ciudad, para el que no sería necesario construir ningún edificio, contribuyendo así a la destrucción del paisaje, sino utilizar alguna de las naves que hoy permanecen sin uso del actual campus universitario, o tomar una horchata en el ambiente fresco de un quiosco entre una frondosa arboleda.

Se necesita valentía política para mirar a largo plazo en lugar del ritmo veloz y corto de la gestión de una legislatura. En lugar de hacer Planes Especiales con el objetivo de urbanizar, se requiere un verdadero Plan Especial de Protección y puesta en valor. No parece que redactar un plan de este tipo sea más complicado que el que, al parecer, realiza Busquets. En poco tiempo puede estar sobre la mesa y  servir para empezar a captar los recursos necesarios. Algunas de las tareas a realizar no necesitan grandes inversiones económicas, y el espacio tampoco debería quedar cerrado a cal y canto durante años mientras se realizan los trabajos arqueológicos, lo que quitaría apoyo ciudadano. De ahí la implicación y participación de los vecinos, para que no se sientan ajenos, y la necesidad de que se vean resultados, sin tener que esperar a que se excave la totalidad del yacimiento.

En este plan, el residente local debería ocupar el foco central. Es el vecino de una ciudad histórica, con su cariño y respeto por el patrimonio, con su concienciación, con su presencia en definitiva, el que da valor al patrimonio, el que lo proporciona alma. Cuando se piensa en turismo, nuestras autoridades deberían tener en mente, en primer lugar, esa premisa. Todo debe hacerse para mejorar la calidad de vida del vecino. La vida que los ciudadanos locales proporcionan a la ciudad, y a su entorno, es un elemento esencial de autenticidad, muy valorado por el turismo que verdaderamente ama el pasado y la cultura, porque las ciudades vacías, son ciudades sin alma, es decir, parques temáticos de cartón piedra. No sería lo mismo un espacio  arqueológico más o menos excavado o extenso, ajeno al vecino y encerrado entre vallas y bloques de pisos de cinco plantas, para uso y disfrute del turista. Al mismo tiempo, la apertura de este nuevo espacio cultural podría suponer un cierto alivio en la presión turística del centro histórico de la ciudad, al diversificar la oferta.

Hemos llegado hasta aquí con un espacio que, aunque mordido indecentemente por sus bordes, y amenazado, todavía sobrevive a duras penas. Mantiene su gran valor cultural. La silueta del casco histórico, allá en lo alto, todavía es visible, lo que lo convierte en un paisaje excepcional. La situación es la que es, para bien y para mal. No debería ir a peor. Los vecinos tienen que sentir que ese espacio sirve, primero para su disfrute, y luego para su economía. No será muy difícil crear zonas ajardinadas, parques, o espacios para actos públicos o de ocio, como representaciones teatrales, mercadillos visigodos, o actividades de participación como recreaciones históricas, en armonía con las ruinas, allí donde sea posible. Después, todo vendrá rodado. El valor excepcional del yacimiento, el ambiente creado, lo dará un valor añadido que hará que se venda, como se suele decir, solo, creando un foco importante de generación de empleo y riqueza.


Existen pocas ciudades que puedan decir que tienen dos diamantes. Uno es el casco histórico, ya está tallado, con sus brillos y sus sombras.  El otro, la Vega Baja, está en bruto, y necesita que se le haga brillar. ¡Sean valientes!


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Vega Baja está enladrillada, quién la desenladrillará, el desenladrillador que la desenladrille, buen desenladrillador será

Isabelo Sánchez

En el año 2008 se realizaron prospecciones geofísicas por parte de la empresa Toletum Visigodo, en las zonas que habían quedado fuera de la declaración BIC. El entonces gerente, Diego Peris, quería asegurarse de si existían restos arqueológicos o no, con el fin de no meterse en un callejón sin salida como había sucedido unos años antes en Vega Baja I. Lo curioso es que en el año 2001 también se realizaron prospecciones por todo el espacio del proyecto urbanístico, hallándose restos arqueológicos en prácticamente todos los sondeos que se realizaron. Lo que sucedió entonces es que todo el mundo cerró los ojos, y vendieron las parcelas a los distintos promotores para que fueran estos los que cargaran con el coste de las excavaciones arqueológicas obligatorias.

            Sin embargo, a pesar de esta buena intención del gerente,  probablemente, las presiones económicas volvieron de nuevo, porque, aunque claramente la prospección, y los sondeos posteriores, mostraron que los restos arqueológicos, igualmente se extendían por todas las áreas que se pretendían urbanizar en ese momento, se intentó llevar adelante el proyecto urbanístico de las Unidades de Actuación 7 y 37, ignorando esta realidad. Es decir, con la excusa de que se estaba excavando Vega Baja I, y que había un proyecto cultural en marcha, se pretendía destruir el resto del yacimiento, que claramente se había localizado mediante las prospecciones y sondeos, fuera de las zonas BIC. También en este caso se pretendía cumplir la ley, es decir, excavar, documentar, y construir, sin tener en cuenta que ya era evidente que toda la Vega Baja era una unidad.  Diego Peris dimitió poco después.

            Desde hace años, en una de las parcelas de Vega Baja, ante la inacción de las autoridades, se ha desarrollado un aparcamiento irregular de grandísimas dimensiones. En dicho espacio aparcan miles de vehículos cada día, y estacionalmente se producen encharcamientos y socavones. En contra de lo que dice el Plan de Movilidad Sostenible que tiene aprobado el Ayuntamiento de Toledo, de la protección paisajística de la zona, y de la realizad arqueológica de la parcelas, la administración local está empeñada en consolidarlo mediante su adecentamiento, consistente en instalar una capa de zahorra, y en la mayor parte de él, adoquín. Ahora se aprueba la segunda fase, porque una parte ya se ejecutó antes por parte de la empresa gestora de los aparcamientos de pago.

            En el año 2015, nada más llegar al gobierno, Milagros Tolón resucitó la cuestión de la urbanización de Vega Baja. Al poco se aprobó la urbanización y construcción de cuatro bloques de viviendas en la Unidad de Actuación 34 del Plan de Ordenación Municipal de 2007. En 2017 la justicia anuló definitivamente este plan, y el gobierno local, en lugar de ponerse a redactar uno nuevo, se embargó en dos modificaciones puntuales del Plan General Municipal de Ordenación Urbana de 1986, que en esencia significaban recuperar por la puerta de atrás el plan anulado. La Modificación Puntual 28 aprobada por el gobierno municipal actual ha recuperado 1.698 viviendas, tanto sobre los espacios catalogados BIC, como fuera de ellos, y usos dotacionales y terciarios, principalmente en los espacios que no son BIC. Esta modificación ha traído de nuevo la protesta ciudadana, que creía que el yacimiento arqueológico ya estaba a salvo. La estrategia municipal es, a pesar de que han sido ellos lo que lo han aprobado, decir que no se van a construir todas esas viviendas, y que los usos dotacionales y terciarios se ubicarán en zonas que no están protegidas. En concreto, la polémica se ha acrecentado con la intención de ubicar un cuartel de la Guardia Civil en una de estas parcelas que, aunque no están catalogadas actualmente como BIC, claramente forman parte del mismo yacimiento arqueológico. Desde el primer momento se ha acudido por parte de los políticos  a la estrategia de minusvalorar los retos existentes, diciendo que en esa zona no hay restos, o que los restos no son importantes, o que se cumplirá la normativa de protección del patrimonio. Estas declaraciones son exactamente las mismas que se hacían cuando en el proyecto Vega Baja I empezaron a aparecer restos arqueológicos por todas partes. Si se hubiera hecho lo mismo que dicen ahora nuestros gobernantes, el yacimiento de Vega Baja no existiría a fecha de hoy.

            Lo lógico, antes esta nueva desconfianza hacia lo que hay en el subsuelo, sería que, antes de hacer o planificar nada, se analizara el subsuelo para que no pase lo que sucedió en 2006. No es razonable que teniendo en cuenta la historia, y las evidencias existentes, se nieguen o minusvalores los restos arqueológicos, pero, al mismo tiempo no se haga nada por buscar certezas. Las denuncias que se han presentado por parte de la plataforma “Toledo. Sociedad, patrimonio y cultura”, ante el Ministerio de Cultura, por posible expoliación, y ante la UNESCO, y los informes que han emitido ICOMOS, órgano consultivo del órgano internacional, y la Real Academia de San Fernando, a petición del Ministerio de Cultura, dejan  en muy mal lugar a las administraciones local y regional. Ante esta situación, el presidente regional, que es el responsable de la tutela del patrimonio histórico, no ha tenido más remedio que hacer unas declaraciones hace unos días en las que anunciaba que la Consejería de Cultura realizaría un “estudio exhaustivo y una radiografía de todo el perímetro de este yacimiento arqueológico”. Ante estas declaraciones, miembros del gobierno local salieron a los medios para pedir que los trabajos se agilizaran.


            La situación parece clara. Después de las palabras del presidente regional, no debería moverse ni una sola piedra hasta haber realizado la radiografía mencionada. ¿Si no, qué sentido tendría dicha radiografía? Cuando se realizó el estudio geofísico en 2008, uno de los problemas  con que se encontraron fue con las zonas asfaltadas y con los vehículos aparcados. Es decir, el georradar no puede usarse cuando se ha colocado una capa de 20 cm de zahorra, o una capa de adoquín. Una vez enladrillado el yacimiento, será imposible saber con exactitud lo que contiene el subsuelo. De esa forma, los responsables políticos podrán seguir diciendo que ahí no hay restos, que claro, parece que es lo que buscan.

A pesar de las declaraciones del presidente regional, en esta misma semana hemos sabido que se ha adjudicado la segunda fase del macro-aparcamiento de Vega Baja, consistente en adoquinar una parte de él, y otra parte terminarla con una capa de 20 cm de zahorra. Según las declaraciones de la alcaldesa, los restos arqueológicos, que se encuentran en una esquina no se van a tocar. Y estas declaraciones son asombrosas. Salvo que los restos se hayan escondido allí para estar a salvo de la pala de la alcaldesa, que los restos sólo se encuentren en una esquina es FALSO. Según las prospecciones geofísicas y los sondeos de verificación realizados en 2009, en la esquina mencionada hay restos, corroborados por un sondeo realizado, pero estos se extienden en todas direcciones; norte, sur este y oeste, como es lógico, y  además muestra el análisis geofísico.
           
Las competencias en la tutela del  patrimonio histórico son de la Junta de Comunidades. La ley de patrimonio Histórico Español, dice en relación al Patrimonio Arqueológico  en su artículo cuarenta y tres que  “La Administración competente podrá ordenar la ejecución de excavaciones o prospecciones arqueológicas en cualquier terreno público o privado del territorio español, en el que se presuma la existencia de yacimientos o restos arqueológicos, paleontológicos o de componentes geológicos con ellos relacionados. De igual forma se recoge en la Ley de Patrimonio Cultural de CLM, en el artículo 54, que “La Consejería competente en materia de Patrimonio Cultural podrá ordenar la ejecución de las intervenciones recogidas en el artículo 49 en cualquier terreno público o privado del territorio de Castilla-La Mancha, en el que exista o se presuma la existencia de restos con valor cultural.”

Hay algo que no cuadra entre las declaraciones de Emiliano García Page, y las prisas por enladrillar Vega Baja. El aparcamiento irregular de Vega Baja lleva años en la misma situación. Ante la negación por parte del gobierno local de que los restos arqueológicos se extienden por toda la Vega Baja, y la evidencia científica en contra, ¿por qué tienen tanta prisa? ¿No sería más lógico presupuestar un poco más de dinero y prospectar el subsuelo antes de enladrillarlo, colaborando así con las declaraciones del presidente regional de hacer una radiografía exhaustiva al territorio?

            Lo que queda claro es que, si el aparcamiento se enladrilla antes de realizar las prospecciones anunciadas por el presidente, y que la Junta tiene potestad para ordenar, la palabra de Emiliano García Page, quedará por los suelos, y la tutela sobre el patrimonio que ejerce la Consejería de Cultura, totalmente en entredicho, porque, cómo puede cumplirse así, es decir, escondiendo el patrimonio, con el espíritu de la Ley del Patrimonio Histórico español, cuando dice “En consecuencia, y como objetivo último, la Ley no busca sino el acceso a los bienes que constituyen nuestro Patrimonio Histórico. Todas las medidas de protección y fomento que la Ley establece sólo cobran sentido si, al final, conducen a que un número cada vez mayor de ciudadanos pueda contemplar y disfrutar las obras que son herencia de la capacidad colectiva de un pueblo. Porque en un Estado democrático estos bienes deben estar adecuadamente puestos al servicio de la colectividad en el convencimiento de que con su disfrute se facilita el acceso a la cultura y que ésta, en definitiva, es camino seguro hacia la libertad de los pueblos”

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El embajador visita a Milagros Tolón

Isabelo Sánchez Gómez

El pasado día 2 de marzo visitó nuestra ciudad el embajador de España ante la UNESCO.  Los diplomáticos representan al Estado, generalmente ante otro país, pero en este caso, el ilustre, lo hace ante un organismo internacional. Su designación fue criticada en su momento por la Asociación de Diplomáticos Españoles, por ser un nombramiento de un embajador político, y no diplomático, y él mismo defendió en alguna entrevista la necesidad de ejercer política en lugar de diplomacia ante el organismo de Naciones Unidas.

Apareció de forma imprevista en nuestra ciudad, y los toledanos nos enteramos por la prensa, o las redes sociales, de tan distinguida visita. Pudimos ver al embajador en varias imágenes distribuidas por el consistorio, o en perfiles personales en las redes, aparentemente trabajando en una mesa junto a varios ediles y técnicos del Ayuntamiento, o en compañía de la alcaldesa Milagros Tolón, en distintos escenarios de la ciudad, y/o haciendo declaraciones en una rueda de prensa convocada para publicitar el evento. 

Muchos nos sorprendimos de que en ninguna de las imágenes aparecieran miembros de los otros partidos que forman parte la corporación municipal. A una visita de un hombre de Estado parece lógico que debería corresponder una recepción por parte de todos los miembros de la corporación (como días antes se hizo con el nuevo Arzobispo). Sin duda, la importancia de las informaciones que al parecer quería transmitir tan alto dignatario sobre lo que opina UNESCO de Toledo, y de la posibilidad de que la declaración de Patrimonio de la Humanidad de nuestra ciudad se encuentre, o no, en peligro, es un asunto de tanta importancia que afecta a toda la ciudadanía, y no sólo a una parte.  En la mesa de trabajo deberían haber estado presentes y participar con sus opiniones todos los grupos políticos, tanto del gobierno como de la oposición. Pero parece que, tal vez, eso hubiera dado al traste con la intención real de la visita, que era sacar al embajador diciendo lo que se quería que dijera ante los medios, y por lo tanto se los dejó de lado, como dicta cualquier manual de democracia.

En consecuencia, si no se invitó al resto de partidos políticos, está claro que no se trataba de una cuestión de ciudad, ni de Estado. Es decir, a partir de esta verdad meridiana no queda más remedio que poner en cuarentena todas y cada una de las palabras que este señor dijo, ya que está claro que la visita fue una visita política. La impresión que produce es que se trató de la visita de un amigo de Milagros Tolón, con el que comparte pertenecer a la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE, y al que, en una de las charlas de café en el descanso de alguna de las múltiples reuniones que les ocupan,  Milagros, entre risas, le habría pedido que se pasara por Toledo para contarnos lo contentos que están en UNESCO con cómo tratamos el patrimonio en nuestra ciudad, y el  embajador, sin duda voluntarioso, y convencido por los argumentos de la regidora, pero sin pasarse antes por UNESCO para preguntar, habría accedido.

La realidad, por tanto, es que la visita fue una cuestión personal y de partido que nada tiene que ver con el título que ostenta el visitante, salvo por el hecho de que durante la cita, invitado y anfitriones se esforzaron por dejar patente su alta dignidad, e intentaron que los vecinos no pudieran distinguir si hablaba en nombre de UNESCO, del Estado Español, en calidad de embajador, o en el suyo propio. Una revisión detenida de las palabras pronunciadas muestran claramente que el señor Perelló no hablaba, por supuesto, en nombre de UNESCO, aunque lo aparentara, o se esforzara por dar esa impresión, que desconoce profundamente la cuestión de Vega Baja y su realidad, y el urbanismo actual de la ciudad, salvo lo que le contaron atropelladamente, que también desconoce la historia patrimonial y urbanística de este espacio,  e incluso, que tiene un gran desconocimiento del sitio concreto. Sin embargo, como esperaban de él sus anfitriones, cumplió su cometido, actuar como altavoz y en apoyo, en base al puesto que ocupa, de la política desastrosa que su partido está haciendo  en el urbanismo de la ciudad, y de esta forma colaboró en intentar limpiar los "daños colaterales al patrimonio", que sin duda se producirán, si se salen con la suya.

El embajador despreció el informe de ICOMOS, organismos asesor de UNESCO, ignoró intencionadamente el redactado por la Real Academia de San Fernando a petición del Ministerio de Cultura,  y a la misma UNESCO, porque por mucho que pretendió hacernos creer que hablaba en su nombre (cuando nadie, salvo sus representantes oficiales, pueden hacerlo), al final, quedó claro que sólo lo hacía en el suyo propio o el de su partido,  y por último, desdeñó al resto de ciudadanos que vivimos en esta ciudad y no compartimos lo que se está haciendo, y se quiere hacer con Vega Baja y otros espacios, al dejar  de lado a gran parte de nuestros representantes políticos (en este caso desprecio compartido con el gobierno local). 

Está claro que lo que ha ocurrido aquí es una visita que nada tiene que ver con lo que UNESCO pueda considerar con respecto a Toledo, o con alguna preocupación por el bien del patrimonio de la ciudad, sino con un beneficio político partidista. Lo que ha ocurrido aquí es una visita del señor Perelló a su amiga Tolón. 

Leer el artículo en La Tribuna de Toledo

Lo que dijeron los ignorados partidos de la oposición:




Mapas para orientarse por el laberinto de Vega Baja

Isabelo Sánchez Gómez
Licenciado en Geografía e Historia

Me parece interesante, debido a la confusión que existe actualmente en torno a las denominaciones que reciben cada uno de los espacios, las diferentes protecciones existentes, y los cambios que han experimentado los nombres a lo largo de los distintos planes de ordenación, incluir aquí un espacio con mapas al que se pueda acudir para orientarse por el laberinto de Vega Baja.

La Vega Baja se mantuvo relativamente intacta y segura gracias a las necesidades de una fábrica en la que se trabajaban con explosivos y por lo tanto necesitaba una zona de seguridad, y a toda una serie de reglamentaciones que la "protegieron" legalmente, como son las Instrucciones de Bellas Artes de 1968, la declaración de la ciudad de Toledo como Patrimonio de la Humanidad en 1986, al Plan General de Ordenación Urbana Municipal de ese mismo año, 1986, y, finalmente, el Plan Especial del Casco Histórico de Toledo de 1997. 

Ante el próximo cierre de la Fábrica de Armas, que finalmente sucedió en 1996, empezaron negociaciones entre el Ayuntamiento de Toledo y la Gerencia de Infraestructuras de la Defensa (GINDEF), en las que entraron en juego otros terrenos de la ciudad, como los de la Escuela Central de Educación Física, el incumplimiento de acuerdos, compensaciones o garantías, y, finalmente, la venta de los terrenos de la Fábrica de Armas y la recalificación de los terrenos externos a esta, en contra, o contraviniendo, lo que decían las normas citadas más arriba.

Vega Baja I
Con el cierre de la Fábrica, todo cambió. Se empezó poco a poco a urbanizar el espacio. Primero, se programaron algo menos de 200 viviendas en el interior de la fábrica, un poco más tarde, merced a la Modificación Puntual 11, en 1998, estas fueron incrementándose, hasta  970 viviendas, ahora ya en el exterior;  el Plan Especial de Ordenación de la Vega Baja 1, en 1999, las desarrollaba. En 2001 se encargaron trabajos arqueológicos consistentes en sondeos por todo el espacio del proyecto urbanístico planificado, resultando que prácticamente todos ellos fueron positivos. Finalmente, la Modificación Puntual 20, en 2003, elevó el número de viviendas planificadas a 1.300, para ese mismo proyecto de Unidad de Ordenación de Vega Baja 1.

Aunque la Modificación Puntual 20 afectaba a otras Unidades de Actuación, como son el Ámbito del Plan Especial Universidad, o el Ámbito del Plan Especial  Parque Dotacional del Tajo, ahora mismo me interesa el mapa que ha quedado en la retina de todos los toledanos, como el del origen del "problema" de Vega Baja.

En artículos próximos trataré de narrar el proceso que llevó a Vega Baja, de ser una zona de huertas, a zona de expansión urbanística de la ciudad de Toledo, pero voy a intentar sintetizar y empezar por el principio.

La primera protección en la zona fue la de "Las Ruinas del Circo Romano de Toledo" en 1920. La Real Orden de 31 de marzo de 1920 declaró estas ruinas como Monumento Arquitectónico-Artístico. 

En 1931 fue declarada Monumento Histórico Artístico, la Ermita del Cristo de la Vega, mediante Decreto de 3 de junio de 1931

A. Ruinas del Circo Romano. B. Ermita del Cristo de la Vega. 

c: En 1992 empezaba a ser evidente que en torno al Circo Romano existían más restos que debían ser protegidos. El circo habría sido construido en una zona donde existían otros espacios o edificios de uso público. Todo el espacio de la vega, durante este periodo, la época medieval y la moderna, ha sido utilizado con diversos usos que han ido dejando sus restos por todo el espacio. Por eso, se protegió un amplio territorio en torno al Circo Romano y al Cristo de la Vega.

En 1992 todo el espacio que rodea al Circo Romano y a la Ermita del Cristo de la Vega, fue declarada Bien de Interés Cultural, con categoría de Zona Arqueológica, denominada Vega Baja, mediante Decreto 71/1992, de 28 de abril.   Además se estableció un perímetro o entorno de protección de diez metros a partir de la línea exterior de la zona protegida.

Una "Zona Arqueológica" es el lugar o paraje natural donde existen bienes muebles o inmuebles susceptibles de ser estudiados con metodología arqueológica, hayan sido o no extraídos y tanto si se encuentran en la superficie, en el subsuelo o bajo las aguas territoriales españolas" (Artículo 15. Ley del Patrimonio Histórico Español). 

d: La declaración de la Ermita del Cristo de la Vega, de 1931 carecía de Entorno de Protección, como todas las declaraciones anteriores a la Ley de Patrimonio Histórico. Resulta curioso que en 2001 se protegiera el entorno de protección de este edificio en una zona que era coincidente con la declaración BIC con categoría de Zona Arqueológica de Vega Baja, es decir, redundante. Esta protección se realizó mediante Decreto 112/2001. 

Plano dibujado por Joan Busquets para mostrar gráficamente los conos visuales y las protecciones siguiendo las instrucciones de Bellas Artes, y que aplica al Plan Especial del Casco Histórico de Toledo en 1997. 

En 1965 se dictaron las famosas Instrucciones de Bellas Artes que luego fueron corregidas en 1968. Según decían se redactaban para que "se pueda protejer [sic] el paisaje que rodea al conjunto monumental". Se establecían tres zonas o perímetros, el morado, referido a la zona histórico-artística propiamente dicha, el sepia o zona de ordenación especial, para Cigarrales y la zona de acceso a Toledo desde la carretera de Madrid, y el perímetro azul, o zona de respeto y protección del paisaje y silueta urbana. En referencia a la Vega, se decía que "con el fin de conservar el paisaje de la Vega, se podrá autorizar, de acuerdo con el Plan de Ordenación citado [el de 1943, a pesar de que ya había otro plan aprobado en 1964] edificar en la zona al norte de la carretera de Ávila (Actual barrio de Palomeras [sic]), terminar la construcción del barrio de los Bloques del paseo de la Reconquista, y el resto, conservado como parque natural o zona de explotación agrícola, servirá de fondo y protección a la zona arqueológica del circo romano" [la negrita es mía]. Esta delimitación es la que utilizó el Ministerio de Cultura, en 1986, para la solicitud de  inscripción de Toledo como Patrimonio de la Humanidad, y en dicho informe se remite al plano de las instrucciones y la delimitación de las zonas realizada en las mismas. Es decir, en ese documento se expresa claramente cuál es el perímetro protegido en la declaración.  Todavía no se había aprobado el Plan General Municipal de Ordenación Urbana de 1986, por lo que dicha declaración se realizó en base a las instrucciones mencionadas, y unos meses después, cuando se aprobó el PGMOU 1986, este recogió las protecciones que se habían establecido en dichas normas y lo que se decía en el informe del Ministerio de Cultura para declarar a Toledo Patrimonio de la Humanidad. Todavía, en 1997, el Plan Especial del Casco Histórico, volvió a recoger estas zonas de respeto. En esta ocasión aparte de ser descritas en el PECHT, fueron dibujadas en un plano que, curiosamente, no fue incluido en ninguno de los documentos oficiales, y en ese dibujo se observan perfectamente los unos conos visuales que debían respetarse.

Ignorado las protecciones y obligaciones existentes con UNESCO, poco después, se pretendió desproteger urbanísticamente el espacio mediante modificaciones puntuales, primero la 11, colocando más de 900 viviendas en la Vega, y poco después, con la Modificación Puntual 20, se incrementaron a 1.300 viviendas.
Unidad de Actuación Vega Baja 1, según la Modificación Puntual nº 20. Como se ve el espacio está dividido en dos áreas diferenciadas, una en la margen derecha del río, y otro en la margen izquierda. Suelo total: 220.688 m2; Espacios libres: 20.187 m2; Uso Residencial: 134.400 m2; Uso Comercial: 18.700 m2; Dotaciones Públicas: 15.000 m2. En relación a la zona de "Polvorines" la MP 20, seguía manteniendo este espacio con un uso Dotacional denominado "Sistema de espacios libres de dominio y uso público".
Reparcelación con indicación de usos de Vega Baja I. Es interesante este mapa porque las excavaciones arqueológicas que se realizaron en los primeros momentos se refieren siempre a la parcela  o vial (Eje) en la que se estaban realizando, con la letra y el número, y por lo tanto nos servirá en el futuro para ubicar los trabajos arqueológicos. Además, basta observar este plano para comprobar el "impacto" paisajístico y arqueológico de dicha urbanización. Está claro que se contravienen de forma importante las protecciones del paisaje, que habría quedado prácticamente eliminado, y se eliminaba prácticamente todo el patrimonio arqueológico, que ya en esos momentos era evidente que se trataba de un yacimiento de gran entidad e importancia. (Todo el espacio en torno a V-2 es el Eje o Vial 1). 

En esos momentos, además, se habían aprobado planes especiales para el Circo Romano, con 300 viviendas, y el Cristo de la Vega, con 98 viviendas. Los sondeos arqueológicos realizados en 2001 por todo el espacio de Vega Baja I, mostraron que los restos arqueológicos se extendían por la parcela completa, y a pesar de todo se siguió con el proyecto, eso sí, con declaraciones de que se iban a "respetar los restos", tal y como sucede hoy en día. 

Carta Arqueológica del Término Municipal de Toledo, y ubicación del Ámbito de Protección A1. Reconquista-Vega Baja. 



A partir del año 2003 el Ayuntamiento de Toledo empezó a realizar su Carta Arqueológica, terminándose en el año 2005. Este documento sería incluido en el Plan de Ordenación Municipal que en esos momentos se estaba redactando, y que se aprobaría, finalmente, en el año 2007. La Carta se organizaba en ámbitos de protección y de prevención. Los Ámbitos de Protección son las áreas delimitadas a partir de los datos en los cuáles esté probada la existencia de elementos con valor patrimonial, y los Ámbitos de Prevención son las áreas delimitadas a partir de los datos en los cuales exista la presunción razonada de restos con valor patrimonial. En esta carta hay recogidos 102 Ámbitos de Protección (A), y 36 Ámbitos de Prevención (B) (M.P. 29 Documento de inicio Ambiental).  El ámbito del que nos ocupamos ahora es el "A1. Reconquista-Vega Baja) que delimita una zona de protección que abarca por completo toda la vega.


Ámbito de Protección A1. Reconquista-Vega Baja. Como se puede ver abarca todo el espacio de Vega Baja. Aunque dentro de este ámbito es obligatorio el realizar un estudio arqueológico ante cualquier movimiento de tierras, esta protección no evita que los restos sean eliminados una vez documentados, incluidos en el proyecto o tapados. Todo depende de la entidad de los restos, y de la decisión de la Consejería Competente. Aunque en un BIC también podría construirse bajo determinadas circunstancias, esto es mucho más difícil, porque se supone que, primero el inmueble tiene un valor excepcional, y la sociedad ha decidido que debe protegerse, y segundo, cualquier intervención sobre él podría alterarlo o dañarlo de forma importante. Si tenemos dos espacios, como en este caso, diferenciados legalmente, aunque está claro que es el mismo yacimiento, la zona de ese yacimiento BIC, tiene enormemente muchas más posibilidades de supervivencia que el resto del espacio que no es BIC, y sin embargo, es el mismo yacimiento que en su momento fue mal delimitado, porque ya era evidente que los restos no terminaban abruptamente en una línea en un mapa. Eso es, directamente, una barbaridad. A la supervivencia de la zona externa al BIC, tampoco contribuye el hecho de que el BIC carezca, incumpliendo la legislación, de entorno de protección. 

En 2005, cuando se realiza la carta arqueológica, estaba en pleno proceso de desarrollo urbanístico el proyecto de Vega Baja I, y los proyectos del Circo Romano y Cristo de la Vega. Aunque ya en 2001 se había comprobado que en todo el área del proyecto de Vega Baja I había importantes restos arqueológicos, y existía el BIC de Vega Baja, en el entorno del circo romano y de la ermita, donde también se quería construir, ni la protección de la Carta Arqueológica, ni la existencia del BIC parecían suficiente, sin contar con las protecciones preexistentes sobre el paisaje, y toda la vega, estuvo a punto de desaparecer. De esa forma los proyectos urbanísticos iban hacia adelante, eso sí, con las declaraciones omnipresentes de los responsables políticos de que se "iba a respetar el patrimonio". Sólo hay que imaginarse  las 1.300 viviendas en Vega Baja I, o las 300 en el Circo Romano, y 98 en el Cristo de la Vega, para ver la realidad de lo que significaba para algunos "respetar el patrimonio".

En julio de 2006, el proyecto urbanístico de Vega Baja I fue paralizado por el presidente Barreda, ya que era evidente el valor o importancia de los restos que habían aparecido por todo el área del proyecto, y, aunque el resto de proyectos urbanísticos (Circo Romano y Cristo de la Vega) no se paralizaron expresamente, al tener muchos aspectos vinculados con el proyecto de Vega Baja I, de facto quedaron detenidos. Inmediatamente se iniciaron los trabajos para declarar la zona Bien de Interés Cultural, con categoría de Zona Arqueológica. Aquí empiezan parte de los problemas actuales de este espacio ya que, en lugar de ceñirse a la realidad arqueológica, la delimitación del BIC se realizó ajustándola al proyecto urbanístico. Está claro que tuvo su efecto en la preservación, hasta ahora, del espacio, aunque no fue todo mérito suyo, sino que también tubo parte de responsabilidad la crisis económica. Sin embargo la declaración fue un compromiso de urgencia que dejó muchos flecos en el aire, como son el resto de espacios exteriores a los BIC que, evidentemente contienen restos arqueológicos, y que además son los mismos o forman parte del mismo yacimiento de Vega Baja, con lo que se crearon dos realidades diferenciadas en cuanto a las posibilidades de supervivencia: una para la clasificada como BIC, y otra para la zona no clasificada. El BIC, además, no se dotaría de entorno de protección, incumpliendo la ley, de forma que todo el espacio exterior, se dejó desprotegido, o con una protección, digamos, débil.  


Incomprensiblemente, a pesar de dicha paralización, y la oposición de gran parte de la sociedad toledana, y de todas las academias más importante nacionales, y locales, y de ICOMOS, al proyecto de POM que se entregó en el año 2005, éste volvía a recuperar los mismos usos y edificabilidad que existían en los proyectos que ya habían sido paralizados en relación a Vega Baja, y finalmente, fue aprobado en 2007 por el Ayuntamiento de Toledo, y ratificado por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. 

El mapa muestra las Unidades de Actuación del POM 2007. Es necesario tener en cuenta que pocos meses antes de aprobar este Plan se había anulado el proyecto urbanístico de Vega Baja I, con 1.300 viviendas, que ahora se recuperaba como Unidad de Actuación 23, y las mismas 1.300 viviendas. Además se recuperaban las Unidades de Actuación de del Circo Romano, ahora como UA 25, y sus 300 viviendas, y la del Cristo de la Vega, ahora UA 06 y sus 98 viviendas.  En UA 7 y UA 37 se proyectaron usos dotacionales y terciarios. Hay que poner también de relevancia, que si miramos el mapa de más arriba, sobre el BIC de Vega Baja de 1992, las UA 25 y la UA 06, se encuentran totalmente encima de dicho BIC, de igual forma que la UA 23 era la misma que antes había sido el proyecto Vega Baja I, paralizado en 2006, y todos ellos se encuentran dentro del Ámbito de Protección A1 de la Carta Arqueológica.

Otros espacios de los que habitualmente no se habla aprobados también en el POM 2007. Ámbitos de Ejecución de Obras Públicas Ordinarias en Suelo Urbano No Consolidado. OPO 02: Fábrica de Armas-Universidad; OPO 30: Poblado Obrero; OPO Parque Dotacional del Tajo. En estos suelos se permitía realizar actividades urbanizadoras en régimen de Obras Públicas Ordinarias para actuaciones asistemáticas o aisladas


En 2008 culminó el proceso de la ampliación del BIC de Vega Baja, que se había iniciado en el año 2006. 
Comparativa entre el Proyecto urbanístico Vega Baja I de la Modificación Puntual 20, o Unidad de Actuación 23 del POM 2007, en ambos casos con 1.300 viviendas proyectadas, con la zona declarada Bien de Interés Cultural ampliación de Vega Baja, con categoría de Zona Arqueológica. Se puede observar el encaje casi perfecto entre el proyecto urbanístico y la zona declarada BIC. Es decir, la declaración se ha realizado en función del proyecto urbanístico, en lugar de en función de la realidad arqueológica. Además, la zona BIC carece de Entorno de Protección, un requisito obligatorio según la legislación patrimonial. Declaración BIC ampliación de Vega Baja con categoría de Zona Arqueológica, Acuerdo de 10-06-2008

En el año 2009, la empresa Toletum Visigodo pretendía desarrollar urbanísticamente el espacio exterior a los BIC, con usos terciarios y viviendas,  pero previamente intentó cerciorarse de la realidad arqueológica sobre la que pretendían actuar los proyectos, y encargaron una prospección geofísica, y unos sondeos arqueológicos. 

Área de prospección geofísica. Sobre ese espacio se realizaron 11 sondeos arqueológicos. En las conclusiones, los redactores del informe concluyen que "Los resultados parecen confirmar los planteamientos ya expuestos en la propuesta de trabajo, en los que se indicaba: -La entidad de los restos arqueológicos documentados en la zona del antiguo proyecto de urbanización de Vega Baja I, junto con los conocidos del circo romano y su entorno, hacen pensar en la probable existencia de vestigios en los terrenos incluidos en la Unidad de Actuación Vega Baja II". El proyecto de desarrollo urbanístico planteado en el Plan Director de Toletum Visigodo, nunca llegó a ejecutarse.




Este BIC, como es preceptivo, se dotó con un Entorno de Protección, que aparece perimetrado en este plano en rojo

En esos momentos tenemos varios elementos protegidos, en Vega Baja : El Paisaje, que afecta a toda la vega, incluida Peraleda; A, las ruinas del Circo Romano desde 1920; B, la Ermita del Cristo de la Vega a partir de 1931; c, el Bien de Interés Cultural con categoría de Zona Arqueológica de Vega Baja, desde 1992; d, el Entorno de Protección de la Ermita del Cristo de la Vega; E, Bien de Interés Cultural, con categoría de Zona Arqueológica ampliación del yacimiento arqueológico de Vega Baja; F, Bien de Interés Cultural, con la categoría de Conjunto Histórico, de la Fábrica de Armas, en 2010, con su entorno de protección f1 y f2.            
         

En ese momento, la protección de la zona quedó como como podemos ver en este mapa, incluido el Ámbito de Protección A1. Reconquista-Vega Baja. Como podemos observar desde el punto de vista arqueológico, una parte muy importante de la Vega está protegida como BIC, pero otra parte importante, está protegida por la Carta Arqueológica: el actual Vivero Forestal de la JCCLM, el Camping del Circo Romano, y la Zona denominada en la MP 28 Unidad de Ampliación de Santa Teresa. En base a este mapa, cualquiera puede ver que no existe barrera física alguna que justifique una diferencia entre los espacios en cuanto a la ocupación de los mismos en el pasado. Sin embargo, con la ley en la mano, los espacios no declarados BIC, tienen una alta probabilidad de desaparecer y ser ocupados por viviendas, algo que, evidentemente, no debería suceder. 


En ese mismo año 2010 que se había declarado BIC la Fábrica de Armas, y con las protecciones existentes, como hemos visto, se planteó un Plan Especial de Reforma Interior de Mejora de las Unidades de Actuación 7 + 37.
Plan Especial de Reforma Interior de Mejora Unidades UA.07 + UA.37: Ampliación Santa Teresa. POM Toledo.  Como se puede observar estas unidades son el desarrollo en detalle de las UA 37 y 7 que contenía el POM. 
En este mapa podemos ver la relación del PERIM UA 7 + 37 con los espacios BIC y el ámbito de protección A1. Como vemos este PERIM se pretendía desarrollar fuera de los ámbitos BIC, aunque dentro de A1. Como he dicho en otras ocasiones el que dicho espacio no sea BIC es consecuencia de que el BIC Vega Baja de 2008 se delimitó incorrectamente.

La Real Fundación Toledo, que alegó a este PERIM, afirmaba que "El PERIM está basado en un error al considerar que la superficie a la que afecta no tiene nada que ver con el espacio histórico de la Vega Baja ni con el yacimiento arqueológico. En consecuencia, queda invalidado al prescindir en sus planteamientos, o considerar ajenos, los valores patrimoniales cuya protección y defensa es una obligación ineluctable contemplada en las normas legales estatales, autonómicas y locales. Valores que por estar amenazados determinaron el 26 de julio del año 2006 la paralización de la Urbanización Vega Baja que entonces se construía".



En abril de 2012 la Real Fundación emitió un Informe sobre el PAU de la UA-34 Ampliación Santa Teresa II de la Vega Baja de Toledo, en el que afirmaba que "La denominada UA 34 es parte del área de Vega Baja y efectivamente, como indica el título del PAU, se proyecta ampliar con ella el barrio de Santa Teresa restándosela al área a la que históricamente pertenece".  Este PERIM, nunca llegó a ejecutarse. 

Mapa UA 34, que ha sido desarrollada finalmente en 2017. Estaban planificados cuatro bloques de viviendas. Al final, parece que sólo se van a construir dos debido a la aparición de restos arqueológicos. El impacto de los dos bloques en el paisaje es tremendo, contraviniendo las protecciones existentes. Al mismo tiempo en la parcela de la urbanización, en los viales, aparecieron restos arqueológicos, al igual que durante los trabajos previos a la construcción de los dos bloques, lo que muestra, de nuevo, que toda la Vega es un mismo yacimiento, y poco a poco se lo van comiendo, al estar el BIC mal delimitado, y siendo "respetuosos y sensible" con el patrimonio, respetando la legislación actual. Al final, parece que dos de los cuatro bloques no van a construirse, pero el daño ya está hecho. En el año 2017 el Tribunal Supremo anuló definitivamente el POM 2007, que llevaba años coleando entre recursos y contra-recursos. Ese mismo año, en torno a la fecha de anulación del POM 2007, el Ayuntamiento de Toledo desarrolló la Unidad de Actuación 34 de ese POM. 

Ante la anulación del POM 2007, el Ayuntamiento de Toledo, en lugar de redactar un nuevo POM, como había anunciado en 2015, se dedicó a redactar modificaciones puntuales del Plan General Municipal de Ordenación Urbana 1986, que es el que se encontraba en vigor una vez anulado el del 2007. En ese sentido la aprobación de la Modificación Puntual 28, en 2018, supuso de facto, la recuperación de los mismos usos y edificabilidad que para toda la baja tenía previsto el POM 2007 anulado. 

La mayor parte de la MP 28 se desarrolla sobre suelo declarado Bien de Interés Cultural, y sobre suelo incluido en el Ámbito de Protección A-1, Reconquista Vega Baja. Esto supone volver a la misma situación de 2007, e incluso anterior, salvo por el hecho de que ahora, el espacio protegido BIC es mayor, aunque, no es todo el que debería serlo.


La Modificación Puntual 29, aprobada por el Ayuntamiento de Toledo en 2018, a fecha de hoy, no ha sido ratificada por la JCCLM. Me interesa en relación a esta señalar que dicha modificación ha clasificado como suelo urbanizable de uso residencial La Peraleda. Este espacio siempre ha sido considerado como la continuación natural de Vega Baja, y se encuentra en la misma situación en relación a la protección paisajística, es decir, es zona de respeto y protección del paisaje. Además, en dicho espacio existen importantes yacimientos arqueológicos recogidos en la Carta Arqueológica como ámbitos de protección y ámbitos de prevención, y es previsible que la redacción del nuevo Inventario del Patrimonio Cultural de Castilla-La Mancha, amplíe las protecciones en esta área. Este espacio se encontraba recogido en el POM 2007, como PP. 02, sobre el que se había aprobado un programa de actuación urbanizadora. En el PGMOU de 1986, este espacio aparecía como suelo no urbanizable, y además existía una zona especialmente protegida, por lo que su urbanización actual, significaría desprotegerlo. 

Los últimos coletazos, o más recientes de Vega Baja, tienen que ver con la construcción de una "Senda de las Moreras" intentando rememorar los caminos antiguos que cruzaban la Vega. En principio, la senda, vista así parece algo positivo. Se vendió como el primer paso para demostrar que en Vega Baja, se podía hacer algo. El problema es que, desde 2008, es obligatorio haber redactado un Plan Especial de Protección del yacimiento, que no se ha hecho. Este plan debería sentar las bases de la conservación y protección futura del espacio, del proyecto de investigación, etc. Sabemos que una gran parte del yacimiento está aún sin excavar en extensión, y en profundidad, es decir, no se conocer la realidad arqueológica para poder interpretar el sitio, y poder tomar decisiones sobre cómo proseguir las investigaciones, sobre qué áreas hay que incidir, qué zonas pueden hacerse visitables, en qué espacios no hay restos y pueden dedicarse a usos públicos compatibles con la conservación del patrimonio, etc. La senda, concebida desde un punto de vista "arquitectónico" no tiene en cuenta la realidad y las necesidades arqueológicas, de forma que "corta" el yacimiento, dificultando enormemente la interpretación futura del mismo, se desarrolla sobre restos arqueológicos que no han sido totalmente excavados, por lo que no se conoce la realidad arqueológica total de ese área, ahora tapada, y por lo tanto, hipoteca el futuro Plan Especial de Protección, la puesta en valor, la difusión del conocimiento sobre el yacimiento, y la puesta en valor del mismo. 
Ubicación de Senda, y restos arqueológicos a partir de varios autores, principalmente J.M.Rojas y A.J.Gómez Lagina, 2009. En Azul el Área 30.000 y en rojo el Área 10.000 de las excavaciones de 2009.

La más reciente propuesta es el ofrecimiento del Ayuntamiento de Toledo de una de las parcelas de la actual Unidad de Ampliación de Santa Teresa, de la Modificación Puntual 28, para la construcción de un Cuartel de la Guardia Civil. En el mapa se ha representado la posible ubicación del cuartel, claramente en área de protección del paisaje,  en la llanura de la Vega, y a muy pocos metros de la zona protegida como BIC, con la que claramente está relacionado o de la que forma parte indisoluble. La parcela justo al oeste es el BIC de ampliación de Vega Baja, a pocos metros, claramente yacimiento arqueológico. La prospección geofísica y sondeos de 2009, mostraron fases romanas, visigodas e islámicas en la zona. Al este, una excavación en Coronel Baeza 63, también a pocos metros, mostraron ocupación visigoda e islámica.