Toledo Patrimonio de la Humanidad. Patrimonio Mundial

 


En el mundo existen determinados bienes del patrimonio natural y cultural que presentan un interés excepcional, y que, por lo tanto, merecen que sean conservados como elementos que pertenecen a toda la humanidad.
Debido a los peligros a que estaba sujeto este patrimonio, principalmente motivado por cuestiones de conflictos, pero también otras amenazas, en el año 1972 fue aprobada en París la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural, cuyo objetivo era hacer frente o mitigar las amenazas a que estaba sujeto el patrimonio (lo que podía suponer su deterioro, alteración o destrucción), teniendo en cuenta una visión supranacional, debido a  las dificultades a las que pueden enfrentarse los países  en cuyo territorio se encuentran los bienes a proteger, en relación a la cantidad de medios y recursos que se requieren  para preservar adecuadamente estos.
La UNESCO se erige en el órgano por encima de los estados nacionales,  que recomienda las medidas necesarias y ayuda a los distintos países en cumplir los objetivos mencionados. Esta ayuda o colaboración es complementaria a las acciones que puedan realizar con estos mismos fines los distintos Estados. España “aceptó” la convención mencionada el 18 de marzo de 1982,  con el rango de “Acuerdo Internacional”, pasando a formar parte de dicha Convención como Estado Parte.
La candidatura de Toledo, como “Ciudad Histórica de Toledo”, con el nº de identificación 379, fue recomendada por ICOMOS, para ser declarada Patrimonio de la Humanidad, en base a los criterios i, ii, iii y iv.
El significado genérico de los criterios por los cuáles Toledo fue propuesta son:
  • Criterio  (i) : Representar una obra maestra del genio creativo humano.
  • Criterio (ii) : Ser la manifestación de un intercambio considerable de valores humanos durante un determinado periodo o en un área cultural específica, en el desarrollo de la arquitectura o de la tecnología, las artes monumentales, la planificación urbana, el diseño paisajístico.
  • Criterio (iii) : Aportar un testimonio único o por lo menos excepcional de una tradición cultural o de una civilización que sigue viva o que desapareció.
  • Criterio (iv): Ser un ejemplo sobresaliente de un tipo de construcción, de un conjunto arquitectónico o tecnológico, o de paisaje que ilustre una o más etapas significativas de la historia de la humanidad
La ciudad de Toledo fue inscrita en la lista del Patrimonio Mundial de la Humanidad el 26 de noviembre de 1986, durante la Décima Sesión del Comité para el Patrimonio Mundial, que tuvo lugar en París, entre el 24 y el 28 de noviembre de 1986.
Con posterioridad a la fecha de inscripción, en el año 2005, se dictó una Directriz práctica para la aplicación de la Convención sobre el Patrimonio Mundial, que entró en vigor o empezó a utilizarse a partir del año 2007, que introdujo un nuevo concepto dentro de las declaraciones, que es la declaración VUE, o “Valor Universal Excepcional” que automáticamente se atribuye a toda declaración de patrimonio mundial que hubiera tenido lugar a partir de esa fecha, pero que no se aplicaba retrospectivamente, de forma que, entre otras muchas, Toledo, no contaba con la misma. La definición exacta de VUE que aparece en la directriz mencionada es: “Valor Universal Excepcional significa una importancia cultural y/o natural tan extraordinaria que trasciende las fronteras nacionales y cobra importancia para las generaciones presentes y venideras de la humanidad”.
La declaración de patrimonio mundial y desde 2007 de VUE, implica  la necesidad de que el bien cumpla los criterios pertinentes por los cuales fue declarado, es decir, las condiciones de integridad y autenticidad, con el fin de mantener el bien en perfectas condiciones al largo plazo.  De esta forma es posible tener una idea clara del bien, cuando fue inscrito en la lista de Patrimonio Mundial, y sobre los atributos del bien que tienen que mantenerse.  La UNESCO inició toda una tarea de “monitoreo” o vigilancia de los bienes, mediante la solicitud a los estados miembros, y como exponente final a los gestores,  a partir del año 2004, de informes periódicos, con el fin de comprobar el estado de mantenimiento de ese bien, si se han producido cambios en los límites, o en la denominación, y la posibilidad de incluirlo en la lista de patrimonio mundial en peligro.
En consecuencia, la declaración VUE se fundamenta en el proceso de presentación de informes periódicos, y consiste en justificar los criterios que en su momento fueron aprobados para la inscripción inicial, y la documentación de que las condiciones de integridad y autenticidad del bien aún tienen vigencia. El examen de los dossiers de nominaciones se realizó en paralelo al informe periódico que se estableció para Europa entre los años 2004-2005 y que implicaba a los bienes inscritos en la Lista de Patrimonio Mundial en el periodo de 1978 a 1998.  El segundo ciclo de informes periódicos para Europa y Norteamérica empezó en el año 2012.
Debido a que la ciudad de Toledo había sido declarada con anterioridad a 2005, no existía una declaración VUE, por lo que fue necesario realizar  una “Declaración retrospectiva sobre el estado de conservación de los bienes declarados Patrimonio Mundial en Europa” que fuera aprobada por el Comité del Patrimonio Mundial. Toledo presentó su informe periódico, y como consecuencia la declaración retrospectiva en  el año 2012, tomando nota  el Comité de Patrimonio Mundial mediante la Decisión 37 COM 8D (página 223) que tuvo lugar en Camboya entre el 16 y el 27 de junio de 2013, por lo que Toledo aparece actualmente inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial, y cuenta con la declaración de Valor Universal Excepcional. (Este texto procede de la página de Toledo.es)

Documentos Declaración

  • "Ciudad Histórica de Toledo". Dossier sobre su inclusión en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco (Archivo Municipal de Toledo-Toledo Siempre)
    • Incluye:
    1. 20 de diciembre de 1985: Formulario de propuesta de inscripción en la Lista del Patrimonio Mundial del "Conjunto de la Ciudad de Toledo", firmado por el Director General de Bellas Artes y Archivos, en representación del Estado.
    2. 20 de diciembre de 1985: Texto presentado por el Ministerio de Cultura como "Anexo complementario en español al formulario de inscripción en la Lista del Patrimonio mundial de Toledo".
    3. abril de 1986: Informe de ICOMOS (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios) por el que se propone la inclusión del "Conjunto de la Ciudad de Toledo" en la Lista del Patrimonio Mundial
    4. 24-28 de noviembre de 1986: Actas de la 10ª sesión del Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO, celebrado en París, que incluye la inclusión de la "Ciudad histórica de Toledo" con el nº 379 en la Liosta del Patrimonio Mundial, con arreglo a los criterios C(i), (ii), (iii) y (iv), ya indicados en el informe de ICOMOS.

Documentación página de UNESCO


Informes Organismos sobre Toledo

Inventarios Retrospectivos y el Valor Universal Excepcional

Planes de Gestión

Otros

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    Vega Baja ¿Y- ahora qué?

    Durante mucho tiempo ha resultado inútil intentar convencer a los poderes públicos de que Vega Baja era algo más que las zonas protegidas como Bienes de Interés Cultural, a pesar de la evidencia abrumadora de la existencia de restos arqueológicos dispersos por toda ella. Sin contar con las obligaciones y compromisos internacionales de proteger el paisaje de las vegas, en el mundo sólido de la materialidad arqueológica, muchos han tenido que meter el dedo en la llaga para creer, y aun así, a algunos está claro que les molesta el patrimonio, y siempre les ha importado un bledo.

    A pesar de las continuas declaraciones desde la administración de respeto al patrimonio, la realidad de la historia de Vega Baja dice otra cosa completamente distinta. Lo que han hecho por preservar el patrimonio, ha sido poco o nada. La administración regional sólo in extremis, cuando ya era innegable la importancia de lo que allí había, paralizó el proyecto urbanístico Vega Baja I, pero hasta el último momento hubo dudas. La declaración BIC fue tan forzada, que los límites se trazaron a escuadra y cartabón, ajustados al proyecto urbanístico, algo que ya era inverosímil en aquel mismo momento, pues lo excavado mostraba claramente que los restos se prolongaban hacia otras parcelas. Está claro que era un absurdo arqueológico que el yacimiento topara abruptamente con una línea dibujada en un papel, pero en lugar de cumplir con sus obligaciones de promover investigaciones para saber si el yacimiento se extendía más allá, y así proteger el conjunto completo y no sólo una parte, no lo hicieron, no fuera a ser que aparecieran más piedras. Y ahí quedó todo. Bueno no, la misma administración regional encargada de la tutela del patrimonio, aprobó uno tras otro todos los planes y proyectos urbanísticos redactados por el Ayuntamiento, que eliminaban las protecciones previas, y planificaban construcciones por toda la Vega Baja, incluso encima del yacimiento que ellos mismos habían declarado BIC.

    Por su parte, la administración local, hizo todavía mucho menos. Ha sido la responsable de la redacción de todos y cada uno de los planes y proyectos urbanísticos que se pretendían desarrollar sobre Vega Baja, desde el convenio inicial con Defensa para que se pudieran construir más de 900 viviendas en el suelo que hasta ese momento estaba protegido, hasta el momento actual, en que tienen aprobada una modificación puntual del plan de 1986, que permite la construcción, ahora mismo, de 1.300 viviendas sobre el yacimiento declarado BIC, 300 en el antiguo camping del circo romano, y 98 en el entorno del Cristo de la Vega, sobre otro BIC, además de usos dotacionales y terciarios dentro y fuera de las zonas protegidas (incluido El Corte Inglés), sin contar con que en 2017 aprobaron y desarrollaron la urbanización de la UA 34, en Santa Teresa, y la construcción de 4 bloques de viviendas de cinco plantas de los que sólo han podido levantarse dos, claro, por la aparición de restos arqueológicos. Además, han sido los impulsores de la consolidación de aparcamientos irregulares dispersos encima del sitio,  y defensores a ultranza de la construcción del cuartel de la Guardia Civil, todo ello, a pesar de la opinión en contra de expertos y organizaciones locales, nacionales e internacionales, defensoras del patrimonio.

    Su mayor éxito en la protección del patrimonio fue la construcción sobre el mismo yacimiento protegido de una senda peatonal (sin seguir algún plan director del sitio que dijera lo que había que hacer, simplemente porque no existe), que ha cortado el yacimiento arqueológico por la mitad, ocultando importantes restos arqueológicos, muchos de ellos aún por excavar. Poco más han hecho, por no decir nada. Tenían obligación desde el 2008 de haber realizado un Plan Especial de Protección y no lo han hecho. Bueno, concedamos que la empresa mixta público-privada, Toletum Visigodo, S.L., en la que participaban todas las administraciones (Junta, Diputación y yuntamiento), además de socios privados, hicieron un buen trabajo con las excavaciones arqueológicas, que permitieron un mejor conocimiento del yacimiento, aunque tal vez a un coste desorbitado. Sin embargo, al mismo tiempo, el final de esta sociedad pone en evidencia los intereses que realmente se tenían. Financiaron y mantuvieron su funcionamiento mientras había esperanzas de urbanizar y sacar beneficio. El gerente de entonces, para asegurarse de no cometer los mismos errores que en Vega Baja I, encargó la realización de prospecciones y sondeos, que mostraron que el yacimiento se extendía por la zona que se pretendía desarrollar en ese momento, Vega Baja II. No debieron gustar mucho sus declaraciones de que el yacimiento se prolongaba más allá de la zona protegida, y al poco dimitió. A partir de entonces, se dejó morir a la empresa.

    A muchos les habría gustado tener un suelo blanco, inmaculado, totalmente liso y libre de obstáculos para obtener un gran beneficio, al colocar casitas aquí y allá. Por eso ven el patrimonio como un obstáculo o una mancha. Habrían querido que las parcelas estuvieran “bastante limpias”, o mejor, “limpias” del todo de patrimonio, y como no lo estaban, que les hubieran dejado “limpiarlas”, lo más rápidamente posible, para ganar más dinero. No entienden que existan valores públicos superiores al beneficio económico de algunos, que deben protegerse.

    Siempre han negado que el yacimiento fuera más de lo que habían marcado como BIC, porque les interesaba, y lo defendieron a capa y espada para lograr sus objetivos de construir. La obligación como administraciones era intentar arrojar luz, proteger todos los intereses, y los públicos en primer lugar, y en vez de eso, cuando pudieron, intentaron restar valor a los restos arqueológicos, una estrategia política, y de quienes tienen intereses urbanísticos, muy conocida en el mundo de la arqueología, cuando el (“su”) urbanismo “choca” con el patrimonio público.

    A pesar de la evidencia, pretendían tirar para adelante, como se quiso hacer en 2005-2006: excavar y documentar los restos como marca la ley, para luego, en su caso, desmontarlos y/o protegerlos debajo de bloques de pisos, o del cuartel, que es casi lo mismo que eliminarlos. Como responsables de la tutela del patrimonio, la administración regional tenía la obligación de delimitar correctamente el yacimiento, porque era evidente desde hacía mucho tiempo, que no lo estaba, y como era lógico, la prospección geofísica encargada ahora ha mostrado que era como muchos decíamos. Si existen restos arqueológicos idénticos a los que aparecen a sólo unos metros de distancia, en la zona protegida, no queda más remedio que protegerlos con la misma categoría, es decir, ampliar el BIC, porque, que esa área esté incluida dentro de un ámbito de protección de la carta arqueológica, está claro que no es la mejor protección para un yacimiento extenso, como es el caso. Si ya existe una zona protegida de esta manera, y existen pruebas contundentes de que el yacimiento se extiende más allá de sus límites, no ampliar la protección a esas zonas podría entrar dentro del supuesto de expoliación contemplado en el artículo 4º de la Ley del Patrimonio Histórico Español, cuando, al urbanizar, se ponga en riesgo una parte de la ciudad visigoda.

    Afortunadamente, la presión ciudadana, una vez más, como en aquel lejano 2006, en que muchos creyeron haber salvado el yacimiento, ha conseguido enderezar la situación, doblando el brazo político. Enhorabuena a todos por esta victoria, pero no debemos dormirnos en los  laureles. La experiencia debe guiarnos para no caer en la misma trampa de antaño. Mientras la Modificación Puntual 28, que permite construir en casi toda la Vega Baja, siga en vigor, el yacimiento seguirá estando en riesgo. Y ahora, "el eje" del ladrillo se desplaza también hacia La Peraleda, y por lo tanto, la lucha sigue.

    Isabelo Sánchez


    Guarrazar



    Si quieren aprender historia, de verdad, de la que se graba en la mente y se recuerda, y que ayuda a entender mejor el mundo en que vivimos, visiten el yacimiento arqueológico de Guarrazar, en Guadamur, a apenas 10 kilómetros al sur de Toledo.

    Las piedras no hablan por sí mismas. Son los arqueólogos los que las dan voz. Subidos a hombros de gigantes, del trabajo de otros arqueólogos o investigadores de múltiples disciplinas que les precedieron, levantan cuidadosamente los estratos de tierra polvorienta que encierra los objetos distinguidos que estuvieron en uso alguna vez, para intentar reconstruir desde nuestro presente, un mundo que ya no existe. Luego escudriñan archivos, buscan paralelos, comparan, se asombran, imaginan, lanzan hipótesis y las descartan, para buscar el cuándo, el cómo y el porqué, en una eterna rueda que pretende acercarse cada vez un poco más a la verdad, dar sentido a las cosas, que sean posibles. Todo para reconstruir los gestos, las motivaciones, las ideas, de las personas que colocaron allí esas piedras, las abandonaron,  las derribaron, o las saquearon, para volver a levantarlas, poco después,  con otra forma, otro sentido, en un reciclaje sin fin.



    Parece mentira que el sitio donde se encontró el Tesoro de Guarrazar, en 1858, permaneciera prácticamente abandonado, y sin que nadie se preocupara por él, hasta este último decenio, cuando Juanma Rojas, que de niño miraba las coronas votiva de Guarrazar en un libro de historia, sin entenderlas, se encontró de pronto con la posibilidad de hacerse cargo de la dirección de este sitio emblemático, y no pudo hacer otra cosa que lanzarse, porque ¡era Guarrazar! 

    En muy pocos años, partiendo casi de la nada, porque nada era visible en Guarrazar cuando llegó allí por primera vez en 2011, invirtiendo sus ahorros, y con muy poca ayuda pública, está obteniendo unos resultados asombrosos desde el punto de vista histórico, y espectaculares desde el de la puesta en valor. Porque nada tiene sentido, si la sociedad, al final, no tiene acceso, o no puede disfrutar del patrimonio y el conocimiento. El trabajo en el sitio, no sólo arqueológico, sino para hacer de él un lugar visitable y accesible, es impresionante. Hay muchas horas de trabajo echadas por el arqueólogo y sus colaboradores para que puedan llegar allí los visitantes, aunque tengan alguna discapacidad, o sean los niños, recorrer el lugar cómodamente, y aprender. 



    Sólo después de un inmenso trabajo, y de una experiencia de más de 30 años como arqueólogo, puede hacerse hablar a las piedras como lo hace Juan Manuel Rojas. De verdad, no se lo pierdan. 

    De la nada, de la historia tradicional y asumida sin reflexión de que las coronas fueron escondidas en Guarrazar cuando los godos huían de la invasión islámica, en ese lugar, precisamente porque era irrelevante, porque pasarían desapercibidas, Juanma está haciendo aflorar un lugar que, cada vez es más evidente, por la entidad de los edificios que están apareciendo, era un sitio singular, y bajo la luz de esa nueva realidad, la historia, incluida la de la ocultación del tesoro por gente que escapaba desde Toledo, cambia totalmente.



    Y aquí es cuando Juan Manuel Rojas, en el sitio donde tuvieron lugar los hechos que relata, adquiere otra dimensión. Yo, que he leído sus artículos, y lo he escuchado en  varias conferencias, puedo decir que la historia adquiere otra dimensión cuando te la cuentan en el yacimiento, y en la noche, estrellada, acompañado por los sonidos de la fauna nocturna y de un saxo, mucho más. 



    Plantado allí delante, como un maestro de ceremonias, él es arqueología, y la arqueología es él. Todo se funde en una sola cosa. Pasión por la historia, por el conocimiento, y porque lo que sabe, que es mucho, no se quede sólo en su mente. Cuando lo cuenta, cada piedra está donde debe estar, tiene su sentido. Cómo llegó allí, de donde, por qué en esa posición y no otra, por qué desaparecieron, quién se las llevó, lo que pensaban las personas que las colocaron, las ideas, sus creencias, lo que sentían. La fuente explica todo, el origen, el alfa, el porqué del sitio, el valor que daban al agua los antiguos, que nos sirve para reflexionar sobre la poca importancia que la damos ahora, cuando la hacemos brotar de un grifo, con sólo un gesto. El sol sale por donde debe salir, y el peregrino se sumerge de espaldas en el agua purificadora mirando al lugar por donde cada día el sol da la vida. Todo lo demás va tomando sentido entonces, el hospital de peregrinos, el monasterio, y la gran basílica de Santa María de Sorbaces. Juan Manuel Rojas pasea por su nave central, en dirección hacia el altar y el ábside, mirando al este. Imagínenlo caminando sobre un suelo de mármol reluciente, realmente entre cascotes ásperos de la ruina. ¡Pero qué bella ruina! Según se aproxima fantaseo que enseña una corona votiva que sostiene en las manos, símbolo de su sumisión a Dios,  al rey de reyes, mientras clavo una rodilla en el suelo en señal de respeto. Al acercarse, subo tímidamente la mirada y puedo ver que la corona tiene una leyenda en colgantes, y leo,  "Recesvinto". Porque el Rey, realmente estuvo allí. Una de las pocas veces que se puede decir esto con casi total seguridad. 

    Sólo cuarenta años después, el imperio más poderoso del occidente mediterráneo se derrumbó inesperadamente, haciéndonos ver lo rápidamente que puede cambiar el mundo o qué frágil es. El tesoro estaba donde tenía que estar.

    Mientras, a apenas unos kilómetros, el imperio del mal gusto y la banalidad, del desprecio por el medio ambiente, llena de ruidos estridentes, y rayos de luces, la hasta entonces, maravillosa noche. El omega, el final, la decadencia...


    Isabelo Sánchez