Las joyas de la corona visigoda. El Tesoro de Guarrazar

Interesante artículo de difusión sobre el Tesoro de Guarrazar, escrito por el arqueólogo y director del yacimiento arqueológico de Guarrazar, Juan Manuel Rojas Rodríguez-Malo. En él se cuenta la historia del descubrimiento del tesoro, su desmontaje y venta, y su recuperación desde Francia, durante la Segunda Guerra Mundial. Una historia de película. También incluye la historia de las excavaciones arqueológicas, las primeras interpretaciones, y los avances y descubrimientos que se han realizado en los últimos años que han llevado a los investigadores a concluir que Guarrazar fue un Santuario Regio, y que las coronas votivas, al contrario de la teoría tradicional, que explicaba que las joyas habían sido trasladadas desde Toledo y escondidas en el sitio durante la invasión musulmana en el 711, siempre habían estado allí, porque fue el lugar donde los reyes godos las depositaron como ofrenda. 

Aunque tenemos costumbre de colgar mayoritariamente artículos digitalizados y/o de Acceso Abierto, también es necesario que la industria cultural obtenga beneficios para que pueda seguir ofreciéndonos trabajos y cultura, por lo que os animamos a ir al kiosko a adquirir este interesante número 197 de la revista "Historia National Geographic", donde aparte del artículo sobre el Oro de los Visigodos, podréis leer otros artículos muy interesantes sobre historia, que os ayudarán a sobrellevar el encierro. 
Para saber más sobre Guarrazar-Sorbaces y los Visigodos, os invitamos consultar en nuestro blog las entradas correspondientes a "Guarrazar" y "Visigodos".

Colección arqueológica del Museo de Santa Cruz. El último canto del cisne (y III)

Isabelo Sánchez Gómez
Licenciado en Geografía en Historia


"Pero una vez más la historia del Museo de Santa Cruz nos recuerda a la bella y triste Penélope, mujer de Ulises, que pasó gran parte de su vida tejiendo y destejiendo un tapiz con la esperanza del retorno de su esposo. De este modo y una vez más, el Museo se ve obligado con motivo de una nueva exposición temporal, a desmontar su exposición permanente, volviendo a guardar, nuevamente, sus fondos de la sección de Arqueología y gran parte de la de Bellas Artes."
Alfonso Caballero Klink. 2017:  El Museo de Santa Cruz de Toledo

 
Acceso a la exposición permanente del Museo de Santa Cruz de Toledo, en 2013



Siguiendo con esta serie sobre la Sección de Arqueología del Museo de Santa Cruz, os traigo hoy el último "canto del cisne", antes de que la colección se guardara una vez más, como consecuencia de la instalación de la exposición de "El Año Greco", hasta el momento actual.

Vitrinas Paleolítico y Neolítico-Edad del Bronce. Arqueología. Museo de Santa Cruz

En el año 2008 se cerraron las salas de arqueología ubicadas en el sótano, debido a los problemas de humedad, aunque ya en esos momentos la museografía estaba muy anticuada, y el espacio claramente era inadecuado. Aunque todo el museo ha sufrido las consecuencias de las grandes exposiciones, y de las esperas para el gran montaje que se debería haber hecho contando con el espacio de Santa Fe, parece que la colección de arqueología ha sido la más afectada, siempre provisional, y en movimiento de edificio en edificio, y dentro del propio Museo de Santa Cruz, de espacio en espacio, o guardada y vuelta a montar, cada cierto tiempo.

Colección Arqueología. Aspecto del crucero. Museo de Santa Cruz. 2013

La mayoría de los museos provinciales de nuestro país se han caracterizado por ocupar generalmente edificios históricos adaptados, y por lo tanto por tener problemas para adaptar el discurso y las instalaciones museográficos,  con la conservación y mantenimiento del edificio y de las colecciones, y de espacio. Para el caso del Museo de Santa Cruz, la crónica falta de recursos económicos y de personal, ha bloqueado cualquier planteamiento de crear una institución que pueda cumplir adecuadamente sus objetivos.

Vaso Campaniforme. Ajuar Necrópolis del Valle de las Higueras. Huecas. Toledo 2.400 a.C.

En el año 2000, la exposición "Carolvs" supuso el parón definitivo de las salas permanentes. Las colecciones fueron retiradas. Las labores necesarias de rehabilitación fueron demoradas, al tiempo que se iniciaban las obras de Santa Fe, ampliación que debería de haber supuesto la solución definitiva para el museo. Sin embargo, tal vez este fue el  motivo del calvario que la exposición permanente sufriría a partir de ese momento, ya que el planteamiento era no volver a montarla hasta que dichas reformas y nuevos espacios estuvieran disponibles. Las obras de Santa Fe se prolongaron más allá de lo previsto, debido entre otras causas a la aparición de restos arqueológicos, algo con lo que debía haberse contado desde el primer momento.

Detalle de Estela con Guerrero, Las Herencias. Toledo. siglo VII a.C.

Ante la finalización de las obras, en el año 2004, se anunció la inmediata contratación de los proyectos museográficos, sin embargo, por diversos motivos el espacio siguió sin ser destinado al uso para el que había sido remodelado. Al final, como consecuencia de la falta de uso sufrió desperfectos que hicieron necesaria una nueva reforma. La eterna espera ralentizó o dificultó cualquier otra inversión con la expectativa de su pronta apertura. Los cambios políticos, y la falta de una política de museos clara y definida por parte de la administración regional, acabaron por desbaratar toda esperanza en un museo decente.

Urna funeraria. Santa Cruz de la Zarza. Toledo, Siblo VI a.C.

La “promesa”, o el “deseo”, de un espacio propio para la arqueología de Toledo ha flotado y sigue flotando en el ambiente de la sociedad toledana, derivado de la visible precaria situación de la exposición permanente de arqueología que tradicionalmente ha tenido el museo, y la incomprensible falta de concordancia entre una ciudad repleta de tesoros arqueológicos, y la no existencia de un lugar adecuado para exponerlos.

Cerámica a mano bícroma procedente de ajuar funerario. Casa del Carpio. Belvis de la Jara. Siglo VII a.C.

En tanto en cuanto se tomaban decisiones, en el año 2009, el director entonces del museo, Alfonso Caballero Klink,  decidió volver a instalar la exposición permanente en la parte alta del crucero, y en el caso de la arqueología se dispusieron para ello vitrinas nuevas, e incluso se abrió un nuevo espacio “Mudéjar” en unas habitaciones de la planta baja. Esta exposición, con un claro carácter provisional, hay que decir, sin embargo, que fue, probablemente, la única salida encontrada por el técnico para poder ofrecer al público, aunque fuera mínimamente, el patrimonio arqueológico, sacándolo de las cajas de los almacenes.



El crucero alto es un espacio diáfano impresionante en forma de cruz, que presenta grandes posibilidades para poder exhibir los objetos de una forma atractiva para el público, aunque con las debidas adaptaciones técnicas. Frente al sótano, donde se encontraba anteriormente la colección de arqueología, sin duda, no hay comparación, aunque claramente se veía que el montaje era una solución, de nuevo, provisional. En aquel entonces, el crucero inferior, estaba completamente vacío, y solía dedicarse para la realización de actos públicos, principalmente de representación política. La sensación que transmitía la profunda oscuridad y vacío de la planta baja era de extrañeza y desazón. 


Todas las piezas de la colección permanente, desde el Paleolítico hasta la época moderna, fueron ubicadas en el mismo espacio del crucero, dispuestas en una sucesión cronológica que avanzaba, desde el punto de arranque, en la Prehistoria, recorriendo todos los brazos del crucero, hasta la vuelta al mismo punto de salida. La arqueología se situó en el primer brazo, que se había dividido mediante un sistema de mamparas que servían a la vez para contener pequeñas hornacinas con materiales arqueológicos. 


No trato aquí de criticar la buena voluntad del director del museo, que probablemente consideró que era la única solución viable para exponer las colecciones, e hizo lo que pudo, sino la dejadez de la administración. El espacio que permitía visualizar la exposición de arqueología era mínimo, dando una sensación de estrechez que no invitaba a permanecer en el lugar durante mucho tiempo. La exposición se presentaba mediante los  objetos, vitrinas y tarjetas identificativas,  sin ningún elemento más de apoyo, ni un cartel, ni paneles, ni fotografías, etc. En las vitrinas se exponían las muestras que pueden considerarse más representativas, sin ningún interés por mostrar conjuntos completos y mucho menos contextos arqueológicos, culturales o paisajísticos. Las piezas se identificaban mediante tarjetas informativas, la mayoría de veces individuales, aunque también se utilizaban para describir pequeños conjuntos, con una inscripción sucinta, una pocas líneas donde se decía qué era, la fecha, su procedencia, y sólo en español. No existía ninguna información más, ni textual ni visual y, está claro que los objetos no hablan por sí mismos.

Ataifor. Talavera de la Reina. S. XI. Cerámica con decoración de cuerda seca parcial


Si no hay ningún elemento de apoyo, sin didáctica, es imposible que el museo pueda cumplir una función social. En este contexto el museo no es museo, sino sólo un relicario, un gabinete de curiosidades, un escaparate donde el único recurso para que el cliente “compre” el producto, es la estética del objeto. Los materiales aparecen así despojados de la “inteligencia” que los eleva sobre el resto de objetos que cotidianamente nos acompañan.


Por su parte, la guía que se editó del museo proporcionaba muy poca información en relación a la arqueología, sólo una enumeración de los elementos que podíamos encontrar en la exposición. Esta enumeración, además, no contemplaba algunas de las piezas, tal vez porque fueran introducidos posteriormente a la edición de la misma, como son el verraco, o los recipientes procedentes del Cerro de la Mesa. La guía incluía la descripción de tres piezas de una forma un poco más extensa: el relieve celtibérico de El Cerrón (Illescas), un bronce romano que representa a Hércules, y un brocal de pozo de la taifa toledana. El folleto aportaba poca más información referente a los materiales. Tampoco el espacio web dedicado al museo aportaba mucha más información. Una página web permite ampliar prácticamente sin límites todos los espacios de la exposición física, permite la planificación de la visita y obtener otras informaciones relacionadas con el establecimiento, pero en este caso no era así.



Hasta el año 2012, cuando fue desmantelado, existió un gabinete de Educación y Acción Cultural que se encargaba entre otras actividades de organizar conferencias, talleres infantiles y otras propuestas didácticas. El objetivo final debe ser acercar el museo a la sociedad, y para ello deben valerse de métodos didácticos, actividades y técnicas de comunicación.  En la comunicación del significado de los objetos al público es donde el museo cumple su función social y por lo tanto justifica su existencia. Con una difusión nula o deficiente, y por lo tanto con una percepción del museo como algo ajeno y sin utilidad, es difícil atraer al público.


Aspecto del crucero inferior desde el alto. 

Cuando se permite o, mejor dicho, se condena a los museos a subsistir con unos recursos extremadamente limitados, lo que se está haciendo es privar a la sociedad de lo que es suyo, la cultura, lo que puede traducirse como un “desprecio” de los poderes políticos al público en general. En todo caso, bueno o malo, ese fue el último momento que vimos lo que podríamos denominar una exposición de arqueología en el Museo de Santa Cruz, su último canto del cisne.


Pulsa en la imagen para acceder al resto de fotografías de la colección arqueológica


Pulsa en la imagen para acceder al resto de fotografías de la colección permanente





Vega Baja está enladrillada, quién la desenladrillará, el desenladrillador que la desenladrille, buen desenladrillador será

Isabelo Sánchez

En el año 2008 se realizaron prospecciones geofísicas por parte de la empresa Toletum Visigodo, en las zonas que habían quedado fuera de la declaración BIC. El entonces gerente, Diego Peris, quería asegurarse de si existían restos arqueológicos o no, con el fin de no meterse en un callejón sin salida como había sucedido unos años antes en Vega Baja I. Lo curioso es que en el año 2001 también se realizaron prospecciones por todo el espacio del proyecto urbanístico, hallándose restos arqueológicos en prácticamente todos los sondeos que se realizaron. Lo que sucedió entonces es que todo el mundo cerró los ojos, y vendieron las parcelas a los distintos promotores para que fueran estos los que cargaran con el coste de las excavaciones arqueológicas obligatorias.

            Sin embargo, a pesar de esta buena intención del gerente,  probablemente, las presiones económicas volvieron de nuevo, porque, aunque claramente la prospección, y los sondeos posteriores, mostraron que los restos arqueológicos, igualmente se extendían por todas las áreas que se pretendían urbanizar en ese momento, se intentó llevar adelante el proyecto urbanístico de las Unidades de Actuación 7 y 37, ignorando esta realidad. Es decir, con la excusa de que se estaba excavando Vega Baja I, y que había un proyecto cultural en marcha, se pretendía destruir el resto del yacimiento, que claramente se había localizado mediante las prospecciones y sondeos, fuera de las zonas BIC. También en este caso se pretendía cumplir la ley, es decir, excavar, documentar, y construir, sin tener en cuenta que ya era evidente que toda la Vega Baja era una unidad.  Diego Peris dimitió poco después.

            Desde hace años, en una de las parcelas de Vega Baja, ante la inacción de las autoridades, se ha desarrollado un aparcamiento irregular de grandísimas dimensiones. En dicho espacio aparcan miles de vehículos cada día, y estacionalmente se producen encharcamientos y socavones. En contra de lo que dice el Plan de Movilidad Sostenible que tiene aprobado el Ayuntamiento de Toledo, de la protección paisajística de la zona, y de la realizad arqueológica de la parcelas, la administración local está empeñada en consolidarlo mediante su adecentamiento, consistente en instalar una capa de zahorra, y en la mayor parte de él, adoquín. Ahora se aprueba la segunda fase, porque una parte ya se ejecutó antes por parte de la empresa gestora de los aparcamientos de pago.

            En el año 2015, nada más llegar al gobierno, Milagros Tolón resucitó la cuestión de la urbanización de Vega Baja. Al poco se aprobó la urbanización y construcción de cuatro bloques de viviendas en la Unidad de Actuación 34 del Plan de Ordenación Municipal de 2007. En 2017 la justicia anuló definitivamente este plan, y el gobierno local, en lugar de ponerse a redactar uno nuevo, se embargó en dos modificaciones puntuales del Plan General Municipal de Ordenación Urbana de 1986, que en esencia significaban recuperar por la puerta de atrás el plan anulado. La Modificación Puntual 28 aprobada por el gobierno municipal actual ha recuperado 1.698 viviendas, tanto sobre los espacios catalogados BIC, como fuera de ellos, y usos dotacionales y terciarios, principalmente en los espacios que no son BIC. Esta modificación ha traído de nuevo la protesta ciudadana, que creía que el yacimiento arqueológico ya estaba a salvo. La estrategia municipal es, a pesar de que han sido ellos lo que lo han aprobado, decir que no se van a construir todas esas viviendas, y que los usos dotacionales y terciarios se ubicarán en zonas que no están protegidas. En concreto, la polémica se ha acrecentado con la intención de ubicar un cuartel de la Guardia Civil en una de estas parcelas que, aunque no están catalogadas actualmente como BIC, claramente forman parte del mismo yacimiento arqueológico. Desde el primer momento se ha acudido por parte de los políticos  a la estrategia de minusvalorar los retos existentes, diciendo que en esa zona no hay restos, o que los restos no son importantes, o que se cumplirá la normativa de protección del patrimonio. Estas declaraciones son exactamente las mismas que se hacían cuando en el proyecto Vega Baja I empezaron a aparecer restos arqueológicos por todas partes. Si se hubiera hecho lo mismo que dicen ahora nuestros gobernantes, el yacimiento de Vega Baja no existiría a fecha de hoy.

            Lo lógico, antes esta nueva desconfianza hacia lo que hay en el subsuelo, sería que, antes de hacer o planificar nada, se analizara el subsuelo para que no pase lo que sucedió en 2006. No es razonable que teniendo en cuenta la historia, y las evidencias existentes, se nieguen o minusvalores los restos arqueológicos, pero, al mismo tiempo no se haga nada por buscar certezas. Las denuncias que se han presentado por parte de la plataforma “Toledo. Sociedad, patrimonio y cultura”, ante el Ministerio de Cultura, por posible expoliación, y ante la UNESCO, y los informes que han emitido ICOMOS, órgano consultivo del órgano internacional, y la Real Academia de San Fernando, a petición del Ministerio de Cultura, dejan  en muy mal lugar a las administraciones local y regional. Ante esta situación, el presidente regional, que es el responsable de la tutela del patrimonio histórico, no ha tenido más remedio que hacer unas declaraciones hace unos días en las que anunciaba que la Consejería de Cultura realizaría un “estudio exhaustivo y una radiografía de todo el perímetro de este yacimiento arqueológico”. Ante estas declaraciones, miembros del gobierno local salieron a los medios para pedir que los trabajos se agilizaran.


            La situación parece clara. Después de las palabras del presidente regional, no debería moverse ni una sola piedra hasta haber realizado la radiografía mencionada. ¿Si no, qué sentido tendría dicha radiografía? Cuando se realizó el estudio geofísico en 2008, uno de los problemas  con que se encontraron fue con las zonas asfaltadas y con los vehículos aparcados. Es decir, el georradar no puede usarse cuando se ha colocado una capa de 20 cm de zahorra, o una capa de adoquín. Una vez enladrillado el yacimiento, será imposible saber con exactitud lo que contiene el subsuelo. De esa forma, los responsables políticos podrán seguir diciendo que ahí no hay restos, que claro, parece que es lo que buscan.

A pesar de las declaraciones del presidente regional, en esta misma semana hemos sabido que se ha adjudicado la segunda fase del macro-aparcamiento de Vega Baja, consistente en adoquinar una parte de él, y otra parte terminarla con una capa de 20 cm de zahorra. Según las declaraciones de la alcaldesa, los restos arqueológicos, que se encuentran en una esquina no se van a tocar. Y estas declaraciones son asombrosas. Salvo que los restos se hayan escondido allí para estar a salvo de la pala de la alcaldesa, que los restos sólo se encuentren en una esquina es FALSO. Según las prospecciones geofísicas y los sondeos de verificación realizados en 2009, en la esquina mencionada hay restos, corroborados por un sondeo realizado, pero estos se extienden en todas direcciones; norte, sur este y oeste, como es lógico, y  además muestra el análisis geofísico.
           
Las competencias en la tutela del  patrimonio histórico son de la Junta de Comunidades. La ley de patrimonio Histórico Español, dice en relación al Patrimonio Arqueológico  en su artículo cuarenta y tres que  “La Administración competente podrá ordenar la ejecución de excavaciones o prospecciones arqueológicas en cualquier terreno público o privado del territorio español, en el que se presuma la existencia de yacimientos o restos arqueológicos, paleontológicos o de componentes geológicos con ellos relacionados. De igual forma se recoge en la Ley de Patrimonio Cultural de CLM, en el artículo 54, que “La Consejería competente en materia de Patrimonio Cultural podrá ordenar la ejecución de las intervenciones recogidas en el artículo 49 en cualquier terreno público o privado del territorio de Castilla-La Mancha, en el que exista o se presuma la existencia de restos con valor cultural.”

Hay algo que no cuadra entre las declaraciones de Emiliano García Page, y las prisas por enladrillar Vega Baja. El aparcamiento irregular de Vega Baja lleva años en la misma situación. Ante la negación por parte del gobierno local de que los restos arqueológicos se extienden por toda la Vega Baja, y la evidencia científica en contra, ¿por qué tienen tanta prisa? ¿No sería más lógico presupuestar un poco más de dinero y prospectar el subsuelo antes de enladrillarlo, colaborando así con las declaraciones del presidente regional de hacer una radiografía exhaustiva al territorio?

            Lo que queda claro es que, si el aparcamiento se enladrilla antes de realizar las prospecciones anunciadas por el presidente, y que la Junta tiene potestad para ordenar, la palabra de Emiliano García Page, quedará por los suelos, y la tutela sobre el patrimonio que ejerce la Consejería de Cultura, totalmente en entredicho, porque, cómo puede cumplirse así, es decir, escondiendo el patrimonio, con el espíritu de la Ley del Patrimonio Histórico español, cuando dice “En consecuencia, y como objetivo último, la Ley no busca sino el acceso a los bienes que constituyen nuestro Patrimonio Histórico. Todas las medidas de protección y fomento que la Ley establece sólo cobran sentido si, al final, conducen a que un número cada vez mayor de ciudadanos pueda contemplar y disfrutar las obras que son herencia de la capacidad colectiva de un pueblo. Porque en un Estado democrático estos bienes deben estar adecuadamente puestos al servicio de la colectividad en el convencimiento de que con su disfrute se facilita el acceso a la cultura y que ésta, en definitiva, es camino seguro hacia la libertad de los pueblos

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